domingo, 11 de junio de 2017

Los astros, desde primera fila


Si lees habitualmente este blog, debo avisarte de que este post es diferente. Hoy no encontrarás aspectos técnicos, sino solo unas reflexiones personales. Posiblemente no te interesen mucho y si no te apetece leerlo, como a veces suelo decir por el motivo contrario al de hoy, déjalo y espera al próximo que será muy diferente. Pero creo que es bueno cambiar de registro de vez en cuando. Es mi blog y lo de hoy creo que es solo algo que a mí me ha apetecido escribir.

Si me pongo a valorar las oportunidades que tengo de ver los astros en el cielo, tengo que reconocer que tengo mucha suerte. 
No solo por lo que mis colegas de la AAV llaman mi “ventana mágica” que en muchas ocasiones, aliado con la fortuna, me ha permitido hacer observaciones y obtener imágenes del cielo a pesar de la contaminación lumínica y de la fama de mal clima que tiene una ciudad como Bilbao, sino porque tengo la oportunidad de pasar gran parte del verano en el pueblecito de mi madre, donde el cielo es excepcional y puedo observar las estrellas desde “primera fila”.

Incluso con el pueblo en primer plano, escondido en una hondonada, se ven perfectamente las estrellas.

Como digo, todos los años paso varias semanas en el mes de agosto en Araúzo de Torre, sus calurosos días y sus impresionantes noches bajo un cielo inmejorable. Siempre digo que una sola noche de observación allí me cunde más y me produce más satisfacciones que las observaciones de todo el año desde los lugares más al norte, donde vivo. Un gran porcentaje de las imágenes que salpican los artículos de este blog lo atestiguan.


Un pueblecito donde durante el año no viven más de 50 personas, que toma parte de su nombre de la torre de vigilancia medieval, situada en una pequeña loma a partir de la cual se erigió la iglesia.
La torre de la Iglesia, perfectamente alineada a los puntos cardinales como se puede apreciar con la dirección del alero hacia la estrella polar, en el extremo de la Osa Menor.

La veleta de la iglesia, que se alinea con la dirección del viento, en esta ocasión apuntando también hacia otro astro.

En un gran porcentaje de días las condiciones atmosféricas son favorables y la limpieza del cielo es extraordinaria, tanto de día como de noche.

De día he podido ver con el telescopio estrellas hasta la magnitud 4.5, como conté al final del post “Estrellas también de día” ...

La estrella Arturo, en una imagen que obtuve en pleno día acoplando una cámara compacta al ocular del telescopio desde en mi terraza. También pude observar otras mucho más débiles.

Y de noche, con solo alejarse 200 metros del centro del pueblo,… lo que quieras imaginar.


Desde las eras las constelaciones de Escorpio y Sagitario, entre aperos de labranza ya en desuso.

Aunque, todo hay que decirlo, igual que en otros muchos sitios donde no se valora lo que se tiene, en estos últimos años la absurda colocación de farolas en lugares donde no tienen ninguna utilidad, puede hacer necesario alejarse un poco más.


Podía haber utilizado todo esto para ilustrar un artículo sobre la contaminación lumínica, un aspecto muy importante para quienes nos gusta observar el cielo y que quizás te hubiera aportado datos interesantes. Pero de este tema hay gente que sabe mucho más que yo. Aquí tienes un enlace de algo publicado por una persona que trabaja en este campo: http://smart-lighting.es/cielo-nocturno-sin-contaminacion-luminica-beneficios-tangibles-e-intangibles-i/

Pero hoy no voy a referirme solo a las estrellas, o a esas estrellas. Lo que sigue es un anexo opcional, tal como suelen aparecer en casi todos los post de este blog, aunque éste es muy diferente a los de otras ocasiones.
Hubiera sido más lógico escribir de esto dentro de un par de meses, cuando estuviera allí, relajado o casi aburrido, y aprovechando una de esas tardes calurosas que te desaconsejan salir de casa hasta que la tarde va cayendo. Pero lo hago ahora porque es cuando realmente he sido consciente de todo esto, debido a que ayer mismo fui a Torre, en un viaje relámpago de ida y vuelta en unas pocas horas, y el rápido contraste me ha hecho darme cuenta de algunas  cosas.
No fue un viaje de placer, sino motivado por la despedida a una persona muy especial.



No sé cuántas estrellas puedes contar en esta imagen, pero tienes que sumar una más.

Porque la foto la hice el verano pasado con idea de incluirla en un montaje que tenía intención de elaborar en las próximas vacaciones bajo el título “los cielos de Torre” y, desde ayer, ahí mismo, hay otra estrella.

Desde el momento en que tomé la imagen e incluso antes, cuando me armé de valor y me dirigí de noche a ese lugar (sé que es el más tranquilo de todos, que si de alguien hay que tener miedo es de los vivos,  pero …), estuve dudando en qué pie de foto le pondría, pero ahora sé que el más adecuado podría ser “una estrella más”.

La frase es muy manida e incluso alguien podría decir que la Luisa nunca fue una estrella. Sencilla, sin apenas salir en toda su vida del pequeño pueblecito donde nació, siempre amable, intentando ayudar, ofreciéndote todo lo que tenía con cariño, pero sin intentar sobresalir ni brillar más que los demás.
Pero por eso mismo puede decirse que era una estrella. No de esas rutilantes y engreídas que decimos admirar pero luego casi siempre muestran sus defectos, sino de esas otras, menudas, fieles, que sabes que siempre estarán ahí y nunca se apagarán. Porque incluso ahora que se ha apagado, su recuerdo mantiene viva su luz.

Siempre al llegar al pueblo cada verano era la primera persona a la que iba a ver, y era obligatorio despedirse antes de la marcha. No solo porque era de la familia, sino por quién era y cómo era. No solo una buena persona, sino realmente una persona buena.
Era de la generación anterior a la mía, desde niño la recuerdo ya “mayor”, y por ello nunca compartí con ella juegos o andanzas. Pero volviendo al tema, a mi tema, tengo que decir que desde que me aficioné por la astronomía ella se acercaba, se interesaba y me pedía que le explicara. 
Muchas veces aparecía en plena noche por donde estaba yo con el telescopio, en ocasiones acompañada por otras personas y otras veces ella sola. Sentía una curiosidad por los astros que parecía no concordar con su sencilla vida de ama de casa de un pequeño pueblecito.
A veces pensé que lo hacía simplemente por agradar, por prestar interés en el tema en el que yo disfrutaba y mostrarse amable, pero sin duda había algo más.

Recuerdo que fue en el televisor de su casa donde vi varios de los capítulos de la serie Cosmos en la primera temporada que se emitió hace ya más de 25 años y aprendí tantas cosas de la mano de Carl Sagan. Desde el primer día que le pregunté si podía ir a verlo a su casa (en la mía de Torre nunca ha habido tele), siempre estaba detrás de mí para que fuera a ver el siguiente capítulo. Ella era así, siempre intentando ser útil y ofreciéndote todo con una sonrisa.

Ayer la dejamos allí, en el lugar de la foto, al otro lado del muro, y por eso creo que debes contar una estrella más.



Puedes pensar que todo esto sobra en un blog de astronomía, pero yo creo que no, porque quiero acabar con un par de reflexiones que tienen mucho que ver con ambos temas y que pueden ser gratificantes para quienes nos gusta el mundo de los astros.

- Por una parte la suerte que tenemos por la curiosidad y la expectación que provoca en mucha gente cuando organizamos alguna observación del cielo. Al igual que Luisa, acuden, te lo agradecen, pero no se dan cuenta que tú deberías agradecerles a ellos porque te permiten disfrutar con las explicaciones que les das, compartiendo tu tema. No suele ocurrir en la misma medida con otras aficiones.
Haciendo fila para mirar por el telescopio.
- Por otro lado el consuelo de que en casos tristes como éste, tengamos una frase a mano relacionada con las estrellas, que aunque sea un tópico puede ser reconfortante.


Todas las imágenes, excepto esta última, las tomé en Araúzo de Torre en el verano de 2016, el último verano que disfrutó la Luisa.

2 comentarios:

  1. La próxima vez que mires al cielo desde Torre, espero notes en tu espalda, dos palmaditas de ánimo y consuelo, la de Luisa y la mía.
    Un abrazo
    Kruchi

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