Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

viernes, 27 de octubre de 2017

Mirando la Luna

Mañana 28 de octubre de 2017 se celebra el día internacional de la observación de la Luna y con ese motivo asociaciones de astrónomos de todo el mundo sacarán los telescopios a la calle invitando a la gente a mirar el satélite del tercer planeta.
Imagen invertida. Obtenida a través de telescopio el 30-7-17
Es una más de esas celebraciones que ya han llenado el calendario, algunas reivindicativas, otras solo conmemorativas, pero en esta ocasión es nuestro tema y no puedo dejarlo pasar.
En realidad se trata de fomentar la observación del cielo utilizando para ello el objeto más vistoso para el público no iniciado, que es sin duda nuestro satélite. Es una manera atractiva para interesar a la gente en general, por los astros y la exploración espacial.
Esta magnífica imagen, obtenida por José Manuel Perez Redondo, es una muestra del atractivo que tiene siempre la Luna observada a través de un telescopio.


Desde el año 2009 se viene realizando esta cita, coincidiendo siempre con la fase en cuarto creciente o días cercanos. Parece que todos los años ha sido en sábado (lógico porque la mayoría de la gente no trabaja al día siguiente y puede acudir a observar) El año pasado el 8-10, también sábado y justo el día anterior al cuarto creciente, pero en 2014 fue el 6 de septiembre, 4 días después de esa fase. El sábado anterior estaba a solo 3 días pero se ponía muy pronto con poco tiempo para su observación.

Se ha elegido precisamente la Luna creciente porque es cuando nuestro satélite puede enseñarnos una espectacular imagen a través del telescopio y a horas adecuadas para la observación por cualquier persona.

A simple vista la Luna llena es la más brillante, la más llamativa, y habitualmente la preferida para evocar momentos románticos, dedicarle canciones, poesías o incluso para atribuirle absurdas propiedades esotéricas.
Es cuando nos muestra toda la cara iluminada por el Sol que la da de plano en el hemisferio que dirige hacia la Tierra. Pero por eso mismo es muy sosa vista al telescopio ya que al recibir la iluminación de plano, y desde la misma dirección que nosotros la miramos, no se aprecian las sombras que producen sus accidentes geográficos, que es lo más llamativo y da sensación de relieve.
Luna creciente, llena y menguante. La segunda es la menos atractiva de cara a observar cráteres y otros accidentes geográficos, que siempre aparecen más marcados en la línea que separa la zona brillante y oscura (el terminador) 
La luna nueva no se pude ver, así que nos quedan los días intermedios entre el novilunio y plenilunio, y aunque en general la belleza de la imagen de una Luna creciente o menguante será similar, cuando está en esta esta última fase solo se puede ver de madrugada (el cuarto menguante aproximadamente de medianoche a mediodía)
Por eso de cara a una observación a horas cómodas y ver una imagen atractiva nos queda la luna creciente, y en concreto los días próximos al cuarto creciente en que podremos verla desde el principio de la noche, durante varias horas, y mostrará una imagen fotogénica.

En realidad en el cuarto creciente la Luna sale hacia el mediodía y se oculta hacia la medianoche (ahora en otoño sale un poco después y se oculta un poco antes porque aproximadamente realiza el recorrido del Sol en invierno, que es más corto). Puede verse en pleno día por la tarde, igual que la menguante se ve por la mañana, pero con el cielo brillante no puede apreciarse en todo su esplendor y es al principio de la noche el momento más favorable, precisamente cuando la gente pueda tener más tiempo para echarle unas miradas.

Sobre las horas de visibilidad de nuestro satélite según la fase hablé en “¿Cuándo sale la Luna?”, y reproduzco aquí nuevamente el gráfico que ilustra la situación media en cuarto creciente.
La situación cambia ligeramente según la estación

A lo largo de 29 días y medio nuestro satélite completa su ciclo de fases mostrándonos imágenes diferentes (¡cuidado!, que no son 28 como en muchos sitios se dice y ya expliqué en “28 días, el bulo de la Luna”). Su aspecto cambiante y su situación en el cielo a diferentes horas y en diferente lugar según la fase, supuso desde la antigüedad un esquema cíclico repetitivo que se utilizó para medir el tiempo. En el ciclo lunar está el origen del mes.
Incluso algunos van más allá y por ejemplo el famoso divulgador Isaac Asimov en su libro “La tragedia de la Luna” sugiere que esta repetición cíclica y evidente de un fenómeno natural pudo llevar a la humanidad a contar, a utilizar las matemáticas, y de alguna forma a desarrollar la inteligencia.

29 imágenes que recogen todo el ciclo lunar
Todas las fotos (excepto la primera) corresponden a una misma lunación (del 23 de julio al 21 de agosto de 2017)  han sido tomadas desde el mimo lugar (Araúzo de Torre, a 41,8ºN). Las fases menguantes tuvieron que ser obtenidas después de medianoche, o en pleno día por la mañana.

La luna de un solo día es prácticamente imposible de observar desde estas latitudes ya avanzado el verano, y por eso se ha utilizado la correspondiente a esa misma fase en otra lunación (de invierno). Incluso aparece la luna Nueva, de la única manera que puede observarse: su silueta a contraluz durante un eclipse solar (dibujada y añadida en la última imagen), que ocurrió precisamente al final de esa lunación.

Como he dicho, las sombras de los accidentes geográficos lunares es lo que más llama la atención, lo que nos da una sensación de realidad como si estuviéramos contemplándolo casi desde allí mismo. Estas sombras serán pronunciadas y evidentes en los lugares de la Luna desde donde esté el Sol a baja altura, y los mejores donde en cada momento allí esté amaneciendo o anocheciendo. Esa zona corresponde lógicamente al límite entre lo que vemos brillante y lo que está oscuro, y se le llama “terminador”.

Cada día una sesión diferente. Como he dicho, el terminador es la zona más atractiva y cambia su aspecto en pocas horas. Por eso todos los días la función que nos brinda la Luna es distinta.

Un cráter cercano al terminador que una noche apreciamos perfectamente en todos sus detalles porque las sombras nos lo definen de manera evidente, las noches siguientes habrá perdido su fotogenia pero será sustituido por otros, que el día anterior eran inobservables porque allí aún era de noche y estaban en sombra. Puedes apreciarlo en estas imágenes del terminador de estos días

Para el gran público la Luna es el astro más llamativo con diferencia. Quizás sea el único que no decepciona cuando se acercan por primera vez a un telescopio, porque del resto de los objetos celestes estamos acostumbrados a ver magníficas imágenes obtenidas con grandes telescopios o mejoradas con tratamiento informático y la imagen que muestra el ocular es mucho menos espectacular. En el caso de la Luna no. Al ser el astro más cercano se pueden apreciar muchos detalles que no conocemos.

Es curioso que a los aficionados a la astronomía, a quienes están metidos ya en este mundillo no les gusta observar el cielo cuando hay Luna porque su luz molesta e incluso impide observar lo que se denomina “cielo profundo”: objetos débiles como galaxias, nebulosas o cúmulos de estrellas. Pero para el que se acerca por primera vez a un telescopio son los mejores días porque, como he dicho, nuestro satélite es el objeto celeste más espectacular.
Muchas veces lo he discutido con mis compañeros de agrupación astronómica, porque tenemos tan interiorizado el que no es adecuado salir a observar el cielo cuando hay Luna, que cuando nos piden organizar una observación pública a veces tendemos a elegir esos días, cuando en realidad deberíamos hacer lo contrario.



Cuando miramos la Luna por un telescopio hay varios aspectos que nos llamarán la atención: Sin profundizar mucho, (hay multitud de detalles geográficos concretos que los expertos ya conocen y que se aprecian en determinados momentos de cada lunación), lo más llamativo serán los cráteres, los montes, o las llanuras que llamamos mares.

Cráteres:
Si observamos los que están situados cerca del terminador veremos zonas iluminadas y oscuras debidos a la dirección de la iluminación:  Cómo el borde del cráter aparece brillante porque ya recibe los rayos solares mientras que el fondo permanece oscuro.

A veces podremos ver simultáneamente y comparar las imágenes de dos cráteres cercanos, que aunque estén a la misma distancia del terminador uno de ellos tiene el fondo iluminado mientras el otro permanece en sombra. Eso indicaría la diferente profundidad de uno y otro.
Sobre la imagen obtenida por José Manuel Pérez se han realizado varias indicaciones de circunstancias que se pueden apreciar en los cráteres,
Algunos cráteres muestran un suelo plano y otros tienen un pico en el centro, producido por el rebote del material tras el impacto que lo produjo. Apreciar su cima (un puntito brillante rodeado del círculo oscuro del fondo del cráter) o su sombra (más tarde, cuando ya el fondo está iluminado), es un elemento más añadido a lo dicho antes.


El cráter Theophilus, con su pico central muestra una curiosa simetría de luces y sombras en el centro de esta imagen

Montes o zonas elevadas:
En la Luna hay montañas muy altas (en proporción al tamaño del astro incluso más altas que el Everest) y cordilleras (sobre todo algunas que rodean las zonas llanas), que se aprecian perfectamente por sus marcadas sombras cuando están iluminadas lateralmente por el Sol aún cerca del terminador.

Los montes que rodean el mare Imbrium (mar de las lluvias) iluminados por el Sol rasante se aprecian muy bien en esta imagen obtenida por José Manuel Pérez

También se ven algunos picos o crestas montañosas cuando, aún estando en la zona oscura de la Luna, la luz incide ya en sus cimas, porque al igual que ocurre aquí, amanece antes en las zonas altas que en los valles.
Es uno de los aspectos que más suelen llamar la atención: Cerca del terminador, pero dentro de la zona oscura de la Luna, se ven algunos puntos o líneas brillantes que destacan claramente sobre el fondo. Solo permanecerán así unas horas y si seguimos observando veremos como poco a poco va amaneciendo también a su alrededor y se unen a la zona iluminada.
Picos brillantes en la zona oscura e irregularidades en el terminador
Relacionado con esto hay algunos fenómenos concretos dignos de resaltar:

- Por ejemplo la denominada "X lunar": La parte superior de 4 cráteres contiguos forman una letra X que aparece brillante sobre el fondo oscuro durante unas pocas horas en cada lunación, en las proximidades del cuarto creciente.

Es un fenómeno muy curioso, que no todos los meses podremos observar desde un lugar concreto (por ejemplo desde nuestra localidad) porque el corto intervalo en que es visible no tiene por qué coincidir con las horas en que tengamos nosotros la Luna por encima del horizonte y además que sea de noche para apreciarlo en todo su esplendor.
Si te interesa el tema, y quieres saber cuándo podrías verlo, en este enlace tienes toda la información: http://www.surastronomico.com/not-502-lunar-x.html 

Y no solo una X, sino que aproximadamente coincide en tiempo con la aparición de otra letra, la V.

- El borde de Sinus Iridium sobresaliendo claramente como un asa o una oreja.
Este lugar (conocido también como la bahía del arco iris) consiste en la mitad de un gran cráter (o más bien un pequeño mar) al que probablemente un impacto posterior que produjo la enorme llanura del Mare Imbrium o "Mar de las Lluvias” le borró la otra mitad.
En la cresta montañosa en forma de semicírculo que rodea esta zona amanece antes que en los alrededores, por lo que durante unas pocas horas puede verse un arco luminoso de un tamaño tal que incluso se aprecia con unos prismáticos.


Mares
Aunque en la Luna no hay agua (solo se ha detectado un poco de hielo en el fondo de algunos cráteres cercanos a los polos) hay extensas llanuras de suelo basáltico a las que se les llama mares porque en una época se creyó que lo eran y se les dio nombres sugerentes como el mar de la tranquilidad, mar de la crisis, mar de la fecundidad, mar de las tormentas, mar de la serenidad, etc.
En realidad su origen está en grandes impactos que perforaron la corteza lunar originando enormes oquedades que luego fueron rellenados por magma. 

A simple vista en la superficie lunar se aprecian dos tipos de terreno: zonas más claras y otras más oscuras. Por similitud con nuestro planeta antiguamente algunos pensaron que correspondían a continentes y mares, aunque no había unanimidad entre los astrónomos sobre cual serian unos y otros. Con la invención del telescopio se vio que las zonas oscuras eran llanas y se creyó que eran precisamente los mares.

Aunque sabemos que no lo son y solo les queda el nombre, es sugerente apreciar con un telescopio la suave textura de estas zonas, a veces salpicadas por algunos pequeños cráteres originados posteriormente, y muchas veces rodeadas por altas cadenas montañosas.
El mar de las lluvias con la bahía del arco Iris a su izquierda. Imagen de José Manuel Pérez

AGRADECIMIENTO
Para finalizar, quiero agradecer a mi colega y amigo José Manuel Pérez Redondo, seguidor también de este blog, el que me haya cedido unas preciosas imágenes para ilustrar este post. Las fotos que no llevan créditos (mucho más tosas y sin tratamiento informático) son mías; pero las más espectaculares son de José Manuel


1 comentario:

  1. Hola Esteban.
    Es un placer ver mis fotografías en tu blog.
    Animo a los lectores a observar la luna y, porqué no, fotografiarla con su teléfono móvil.
    Gran artículo.

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