Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

domingo, 11 de febrero de 2018

Febrero, el corto

¿Por qué febrero tiene solo 28 días?


Porque cuando lo implantaron fue el último mes y no quedaban más días. Bueno, le quedaban 29 pero luego, por envidia, César Augusto le quitó un día.

Representación del dios romano Februus

El mes de febrero estaba dedicado al dios Februus (más conocido por el nombre de Plutón), dios de las ceremonias de purificación que se llevaban a cabo en este mes para expiar las culpas y faltas cometidas a lo largo del año que acababa, y para comenzar el nuevo con buenos augurios

Si la cuesta de enero puede hacerse larga, el siguiente mes es el más cortito, para recuperar. Pero ¿por qué todos los meses tienen 30 o 31 días y febrero normalmente solo 28? ¿Por qué no están mejor repartidos?

Veamos la historia desde el principio:




El origen de los meses

Hay dos unidades de medida del tiempo condicionadas por los efectos de los movimientos de la Tierra: el día y el año. Aunque no se corresponden exactamente con la rotación y la traslación (tal como expliqué en “midiendo el tiempo”), la sucesión día-noche y el ciclo estacional son lo que determinan la duración del día y del año, pero hay demasiada diferencia entre la del uno y la del otro.

Para medir intervalos de tiempo mucho mayores de un día y menores que un año, o para fijar épocas de realización de determinadas tareas agrícolas se necesitaba una unidad intermedia que también se tomó de lo que nos mostraba el cielo, porque el origen del mes está precisamente en el ciclo lunar que tiene una duración aproximada de 29,5 días (ver “28 días el bulo de la Luna”)

Casi todos los calendarios antiguos se basaban en las fases de la Luna: cada mes correspondía a una lunación y en la mayoría de los casos se iban alternando meses de 29 días y de 30. Como 12 meses de estos son 354 días, cuando era evidente el retraso se añadía un mes más, o como en el caso del antiguo Egipto donde conocían exactamente la duración del año, el calendario constaba de 12 meses de 30 días a los que se añadían 5 días suplementarios.

Nuestro calendario proviene de la antigua Roma, y aquellas gentes eran algo caprichosas e incuso supersticiosas, lo que motivó que elaborasen el calendario más absurdo de toda la antigüedad. El más incongruente pero, curiosamente, el que nos ha llegado y se ha impuesto en todo el mundo.
Roma, el lugar de origen de nuestro calendario


El mes de febrero y su evolución

A pesar de que aparentemente los números no salen, en principio el calendario romano original solo tenía 10 meses (no estaban ni enero ni febrero) de 30 y 31 días, que en total solo sumaban 304 días. El resto del tiempo no había actividad militar ni labores agrícolas, era como un periodo de descanso y purificación. Parece que en ocasiones se añadían meses suplementarios, para completar el año pero de una manera un tanto anárquica.
Es chocante la utilización de meses de 31 días porque rompe todas las reglas de relacionar el mes con la lunación, y a la postre es la causa de que cuando posteriormente se implantó febrero, no le quedasen días para igualarse con ninguno de los otros meses.
Numa Pompilio

La mayoría de los calendarios empezaban con el comienzo de la primavera, y el de los romanos también. Sus 10 meses iban desde marzo hasta diciembre. Por eso el séptimo era septiembre, el octavo octubre, el noveno noviembre y el décimo diciembre, como se deduce de sus nombres, aunque ahora no concuerdan

Posteriormente Numa Pompilio añadió dos meses nuevos al final de año: enero y febrero, y por eso a nuestro protagonista, que iba el último, solo le quedaron 29 días.

Se pueden encontrar informaciones con diferentes versiones sobre el número de días de cada mes en el calendario romano. No está claramente especificado en las fuentes antiguas, y es probable que esa distribución cambiase a lo largo del tiempo.

Después de un momento en que todos los meses tenían 29 o 31 días porque los números pares eran gafes y signo de mal augurio, excepto febrero que con el nuevo reparto le quedaron 28 y era un mes “nefasto”, hasta como lo dejó Julio César cuando en el año 45 a. C quiso poner orden, estableció los años bisiestos y fijó el llamado calendario juliano:
Según algunas versiones, en ese momento los meses iban alternando 31 y 30 días:
Marzo 31
Quintilis 31
Noviembre 31
Abril 30
Sextilis 30
Diciembre 30
Mayo 31
Septiembre 31
Enero 31
Junio 30
Octubre 30
Febrero 29

A febrero, que era el último, solo le quedaron 29 días, y en los años bisiestos 30.
Julio César

Enseguida de establecerse este calendario murió Julio César y en su honor al mes quintilis se le llamó julio
En un determinado momento (que según la fuente se sitúa en diferente fecha), se decidió que el año comenzara en enero, con lo que nuestro febrero quedó el segundo mes en el orden, pero no cambiaron su número de días y siguió siendo el más corto.
César Augusto

César Augusto arregló un desajuste que se había producido en la aplicación incorrecta de los bisiestos y por ello se le dedicó el mes sextilis, que pasó a llamarse agosto, y para que no tuviera menos días que el de Julio César se le pusieron también 31.
Pero para que no hubiese 3 meses seguidos con 31, todos los siguientes (hasta diciembre) se modificaron, quedando a partir de agosto con 31,30,31,30,31. Pero de esta manera en estos 5 meses se están utilizando en total 153 días, uno más que antes, que le quitaron a febrero que así se quedó con 28.

Si esta versión es cierta, fue debido a este apaño para homenajear a César Augusto, el hecho de que hay dos ocasiones en que van seguidos dos meses con 31 días: Julio-Agosto y Diciembre-Enero, lo que antes no ocurría.

Según otra versión, el número de días de cada mes al establecerse el calendario juliano, era algo diferente: tanto quintilis como sextilis y febrero habrían tenido 30 días (los años bisiestos febrero 31) Pero se le quitó un día a febrero para que julio (quintilis) tuviera 31 y otro posteriormente para que lo tuviera agosto (sextilis), y así se quedó en 28.

Sea como sea, fueron los romanos los que nos dejaron este mes más breve, el único más corto que la duración de las lunaciones.





Algunas curiosidades sobre este mes

El precursor de febrero

Cuando Numa Pompilio estableció los dos nuevos meses de enero y febrero, el número total de días recogido en el calendario era de 355. Posiblemente para seguir la tradición del calendario lunar de 12 lunaciones. Como en otros pueblos donde se hacía así, las fechas se iban adelantando respecto a las estaciones que siguen el ciclo de 365,25 días, y cuando el adelanto era evidente se añadía un mes o varios más (en ocasiones esto estaba regulado, y en otras no). A estos meses extra los romanos les llamaban mercedonius, y parece ser que su implantación o no, a veces se utilizaba según los intereses políticos para aumentar o no el mandato de los cónsules que se renovaban a principio de año, u otros intereses.

Cuando febrero dejó de ser el último.

Según la mayoría de las informaciones, el comienzo de año en enero se estableció después de la modificación del calendario de Julio César, aunque en algunos lugares se dice que fue casi 200 años antes, con motivo de la campaña militar en Hispania y la conquista de Segeda. Según esta versión, los problemas militares concretamente en el enclave de este lugar que no conseguían doblegar, motivaron la necesidad de renovar el cónsul, responsable de esa campaña. Pero los cambios de cónsul se hacían a principio de año, y como marzo quedaba lejos se decidió adelantar a enero el comienzo de año y hacer antes el cambio de cónsul.
¿Fue este enclave de la actual provincia de Zaragoza el culpable de que febrero sea el segundo mes del año?

Cuando volvió a serlo

Con la caída del imperio romano, en muchos lugares volvió a considerarse el comienzo de año en primavera y febrero volvió a ser el último mes. Como anécdota curiosa se puede citar la inscripción de una lápida sepulcral en la catedral de Salisbury donde puede leerse el nombre de un niño que murió precisamente en febrero, y nació en mayo del mismo año. El niño tendría 9 meses, pero no cambió de año entre mayo y febrero, porque el comienzo del mismo era en marzo.

¿Murió antes de nacer?


Cuando tuvo 30 días

Finlandia, 30 de febrero de 1712
Cuando el el siglo XVI se realizó la reforma gregoriana (“¿Por qué empieza ahora el año?”) para ajustar de manera más exacta los años que deberían ser bisiestos, se eliminaron 10 días en los países católicos y posteriormente en otros lugares. En Finlandia se decidió hacerlo poco a poco, eliminando un día cada año, comenzando por 1711. Parece que a la gente no le gustó y al año siguiente se recuperó el día eliminado, en febrero. Como 1712 era bisiesto, con el día recuperado este mes tuvo en total 30 días. Quienes nacieron en esa fecha nunca pudieron celebrar el cumpleaños en su día.
Así habría sido el calendario de febrero de 1717 en Finlandia si se hubieran imprimido como hoy en día

Bisextus

Cuando Julio César estableció los bisiestos, el día adicional no se añadía al final del mes de febrero, sino después del día 24. Los romanos, que tenían una manera muy especial de indicar los días, a este día 24 lo llamaban sextus porque era el sexto día antes de las calendas de marzo (del 1 de marzo) y por eso el que se añadió se llamó bisextus. Fue César Augusto quien, posteriormente, puso al final del mes el día adicional, pero no  cambió el  nombre de bisextus que derivó en "bisiesto".

En 2100 solo 28
Aunque 2096 será bisiesto, el 2100 cuatro años después, no lo será. Porque los años que acaban en 00 sin ser múltiplos de 400 no lo son, según el ajuste del calendario gregoriano, y habrá 7 años seguidos que no serán bisiestos.

Febrero de 2100, con solo 28 días, tomado de un programa de efemérides


2 comentarios:

  1. Excelente documento.
    En clase expongo una pequeña pregunta de investigación cada mes aproximadamente. Este febrero preguntaré si existe la lápida que muestras.

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    1. Gracias, Jose Manuel.
      Me alegro de que te haya gustado y te haya servido para la pregunta de investigación.

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