Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

sábado, 25 de febrero de 2017

El cielo del segundo planeta

Después de que anuncié una serie de artículos sobre los cielos de otros astros del Sistema Solar, y tras el que dediqué a Mercurio, le ha llegado el turno a Venus, el segundo planeta.

Pero antes de seguir no puedo dejar de mencionar la noticia que está de actualidad: El anuncio del descubrimiento de 7 exoplanetas de tipo terrestre alrededor de una estrella a 40 años luz. Alguien me sugirió que hablara sobre ellos, pero lo único que podría hacer sería recoger y comentar el anuncio oficial de NASA https://exoplanets.nasa.gov/news/1419/nasa-telescope-reveals-largest-batch-of-earth-size-habitable-zone-planets-around-single-star/ o el artículo publicado en la revista Nature.
Eso es lo que se ha hecho en muchos medios que podrás encontrar fácilmente porque otra opción, aparte de determinados cálculos sobre dinámica orbital o elucubraciones sin apenas datos reales, no está ahora en nuestra mano.
Quizás con más calma y analizando despacio los datos, habrá tiempo también de imaginar sus cielos.

Si en el anterior post de esta serie escribí sobre las muchas paradojas que presentaba el cielo de Mercurio, quizás sea Venus el que nos muestre una aún mayor. Una paradoja no deseable para tí, amigo(a) lector(a), que has empezado a leer este artículo, y para mí, que me he impuesto la tarea de escribirlo.
Porque Venus, el lucero del alba, a quienes los antiguos griegos y romanos asignaron el nombre de la diosa de la belleza y el amor por ser el astro más fotogénico de nuestro cielo, que habitualmente nos ofrece unas preciosas postales en el momento mágico de los crepúsculos, es el astro del sistema solar que tiene el cielo menos atractivo de todos.
Por si esto fuera poco, es uno de los lugares más inhóspitos, muchas veces comparado incluso con un auténtico infierno.

A la izquierda una recreación artística de lo que podría ser la superficie y el cielo de Venus, realizada por el mágnífico ilustrador de paisajes celestes Ron Miller, y a la derecha una imagen real tomada por la sonda Venera 13 en 1982   

En Venus nunca florecería la astronomía

Debido a su densa atmósfera, desde la superficie de Venus no se podrían ver los astros en su cielo. La claridad del Sol seguramente se intuiría, pero desde allí nunca se puede ver ningúna estrella ni ningún otro astro.
El prestigioso astrónomo y divulgador Carl Sagan escribió en su obra “Cosmos”, la frase que he puesto en el encabezamiento.

Dicho esto, este post debería acabar ya, porque parece que poco más se puede decir sobre el cielo del segundo planeta. Pero si lees asiduamente este blog ya sabes que eso es imposible. Su autor es incapaz de publicar algo tan cortito.

Mi propuesta, entonces, es ascender hasta el borde exterior de su atmósfera y, ya sin ese obstáculo, mirar hacia arriba.


Te puede parecer que hago trampa, porque siempre parece que debemos suponer que estamos mirando desde la superficie sólida del planeta, por similitud a las observaciones en el nuestro, pero entenderás que cuando hable del cielo de Júpiter, por ejemplo, mi punto de vista no se tenga que sumergir hasta el hipotético pequeño núcleo sólido del gigante gaseoso, sino que me colocaré imaginariamente en el borde de su atmósfera de hidrógeno, en el lugar donde siempre se entiende que acaba Júpiter, hasta donde se mide su tamaño en todas las tablas de datos..
En Venus voy a hacer lo mismo.

Por otra parte, situarse en la desde la superficie sólida de Venus para observar su cielo sería imposible debido a su enorme presión y elevísima temperatura.

Pero puestos a imaginar, supongamos que utilizando una tecnología avanzada, ¿del siglo X…XII?, se pudiera colocar un observatorio sobre el borde superior de la superficie de Venus, anclado al planeta, de manera que se moviera a la par que su superficie sólida.

¿Qué veríamos? ¿Cómo sería la mecánica celeste desde allí?


Un brillante lucero azul en el cielo

Pero desde unos lugares siempre mucho mejor que desde otros.

Seguramente lo que más nos llamaría la atención sería un brillante punto azulado. Nuestro planeta destacaría de manera espectacular en el cielo de Venus, en muchos casos incluso más que lo que lo hace Venus en el nuestro, y eso a pesar de la aparente contradicción de que su albedo es mayor que el de la Tierra (El albedo indica el porcentaje de luz que refleja un astro respecto a la que recibe)
Si desde aquí Venus llega abrillar con magnitud – 4.3 desde allí en algunos momentos la Tierra casi alcanzaría la ¡magnitud -6!. (Una magnitud negativa indica mayor brillo cuanto mayor es el valor absoluto del número)

Nuévamente aparece una aparente paradoja porque la Tierra recibe menos luz del Sol que Venus ya que está más lejos del astro rey y además, como he dicho, refleja menos porcentaje de ella. Los tamaños de ambos planetas son parecidos, y aunque las distancias entre ellos varían mucho, lógicamente en un momento dado es la misma de aquí a allí o de allí a aquí.
¿Dónde está el truco?

La razón es que, tal como contaré en un próximo post, Venus presenta fases por ser un planeta interior, pero la Tierra desde alli se ve siempre casi llena por ser exterior. En los momentos de máximo alejamiento cada uno se ve en fase llena desde el otro y Venus brillaría más, pero lógicamente el mejor momento es cuando están cerca y en ese caso la fase del segundo planeta es muy fina y la cantidad toral de luz que refleja hacia aquí es menor.

En esos momentos de proximidad entre los dos planetas nuestra Luna sería perfectamente visible porque puede llegar hasta la 1ª magnitud (similar a la media de la veintena de estrellas más brillantes que vemos en nuestro cielo) y se vería hasta 0.5º separada de la Tierra (el diámetro que desde aquí vemos del disco del Sol o de la Luna).

El tamaño de la Tierra varía mucho: cuando está lejos apenas 10´´, a simple vista un punto similar a una estrella, pero cuando se encuentra cerca, 6 veces más grande, algo más de 1´ y con unos prismáticos se apreciaría ya un pequeño disco.

Tamaños relativos del Sol, la Tierra, la Luna y la separación entre ambas, todo tal como se vería en el cielo de Venus.
1- En el momento de mayor proximidad de la Tierra a Venus y mayor separación angular entre la Tierra y la Luna
2- En el mayor alejamiento entre la Tierra y Venus, y mayor separación angular entre la Tierra y la Luna

Además cuando la Tierra está en oposición (en la situación más cercana) siempre aparece en uno de cinco lugares concretos, equidistantes, que actualmente están en las constelaciones de Ofiuco, Capricornio, Aries, Geminis  y Virgo aunque cada poco más de mil años cada uno de esos lugares realiza una vuelta completa por todas las constelaciones zodiacales.
Esta circunstancias tan extraña la explicaré en otro próximo post, pero en principio no deja de ser curioso.

Aunque quizás más sorprendente todavía sea el hecho de que esas mejores condiciones de observación mostrando el máximo brillo y tamaño aparente se observen solo desde la mitad del planeta (en este siglo entre las longitudes W 20 y 190 (170E) ) aproximadamente) Cuando es visible desde la otra mitad las condiciones son mucho peores.  Si colocásemos nuestro observatorio anclado en el otro hemisferio, la Tierra destacaría muchísimo menos porque solo se la ve cuando está relativamente lejos
Esto es debido a una aparente resonancia gravitatoria que ha modificado la rotación de Venus, de manera análoga a lo que ha hecho que la Luna siempre nos enseñe la misma cara. Venus no hace exactamente eso, pero sí nos muestra la misma cara cuando está cerca.
Esta resonancia no es totalmente exacta y a falta de una comprobación rigurosa, algunos piensan que podría ser una casualidad. Lo más probable es que si sea consecuencia de interacciones gravitatorias pero el proceso todavía no haya tenido tiempo de completarse.
Parece ser que tanto la traslación como la rotación de Venus están condicionadas por nuestro planeta.

Todo se mueve al revés.

Otra circunstancia que nos llamaría la atención es que tanto el Sol como las estrellas se mueven en sentido contrario a como las vemos desde el hemisferio análogo en la Tierra y la velocidad del Sol, aún siendo mucho más lenta que desde aquí, es más del doble que desde las estrellas. Desde que un día el Sol pasa por el meridiano (culmina a mediodía) hasta que lo hace al día siguiente pasan poco menos de 117 días terrestres, pero en el caso de una estrella, serían 243 d.t.

Desde el hemisferio Norte de Venus, el Sol y las estrellas no muy lejanas al ecuador se mueven hacia la izquierda, de la misma manera que lo podemos ver desde el hemisferio Sur de la Tierra.
El hecho de que los astros se vean moverse en sentido contrario es debido a que la rotación de Venus también tiene el sentido contrario al habitual. El que el Sol se mueve mucho más rápido que las estrellas porque al ser la rotación en sentido contrario, el día solar es más corto que el día sidéreo. (en el anexo aparece la explicación)



La mentira de Venus.

Si ya se ha difundido ampliamente el término “la mentira de Marte” para referirse a ese bulo que dice que un buen día de agosto Marte se vería más gande que la Luna, hay otro bulo no menos difundido ni menos erróneo, al que yo llamo “la mentira de Venus”. Podrás encontrar en muchos lugares la afirmación de que en Venus el día dura más que el año, lo cual no es cierto porque un día venusiano dura 117 días terrestres (exactamente 116.75), mientras que un año son 224 días terrestres.
El problema está (al igual que ocurre con Mercurio) en que cuando se habla de la duración del día en realidad se suele referir a la duración de la rotación, que en Venus son 243 días terrestres, girando en sentido contrario de la inmensa mayoría de los astros importantes del Sistema Solar.
Cuando la rotación es en sentido retrógrado (visto desde el Norte contrario a las agujas del reloj), que es lo habitual, el día solar es más largo que la rotación (día sidéreo) tal como se explicó en el caso de Mercurio, pero en Venus es en sentido directo y el día solar es más corto.
Sucesivas posiciones de Venus en su traslación alrededor del Sol. La direción de las flechas va indicando la rotación del planeta.
En el punto 9 ya se ha cumplido un día porque el punto donde surge la flecha vuelve a indicar hacia el Sol. Ahí vuelve a ser mediodía, igual que al comienzo, en el punto 1.
Pero el año no se completa hasta después de la posición 16 cuando vuelve a pasar por el punto inicial 1.
La rotación se cumple más tarde, en el 18, porque es cuando la flecha vuelve a indicar la misma dirección que al principio (en el gráfico, hacia la izquierda)
En muchos artículos bastante fiables, y en general correctos, que podamos encontrar en internet  o en algunas publicaciones aparece esta afirmación o, como ocurre también con Mercurio, en unos u otros lugares aparecen datos muy diferentes sobre la duración del día en Venus:
Un ejemplo de lo que se repite en la mayoría de las informaciones. El texto sería correcto si pusiese “día sidéreo” donde pone “día”. Pero con este enunciado, a mi modo de ver, es totalmente falso.
Lo que escribo a continuación es solo una opinión personal, pero para mí está muy claro.

Ya expliqué, cuando no hace mucho hablé del cielo del primer planeta, que probablemente el motivo de ese error sea que en la Tierra las duraciones de los dos ciclos son muy parecidos y por asociación de ideas también cuando nos referimos a otros planetas.se dice duración del “día” cuando debería decirse duración de la “rotación”.
En nuestro planeta el día dura 24 horas y la rotación 23h 56 minutos. Casi igual. A niveles de los primeros cursos de enseñanza primaria no merece la pena diferenciarlo porque los niños no lo entenderían y la diferencia es pequeña. En secundaria, cuando se habla del Sistema Solar sería importante dejarlo claro porque en Mercurio y en Venus esa diferencia es muy grande. Pero no suele hacerse y los adolescentes siguen con lo que aprendieron años antes.

Así cuando luego de adultos sean maestros o quizás periodistas o divulgadores científicos, cuando citan la duración del día frecuentemente toman el valor numérico de la rotación que es el que aparece en casi la totalidad de las tablas de datos planetarios, porque siguen pensando en lo que oyeron en la escuela, referido a la Tierra, cuando tenían 8 años.

También es posible que a niveles más serios y rigurosos se produjera un malentendido porque tal como he indicado antes, a la duración de la rotación también se le llama “día sidéreo”; pero como dije cuando hablé del caso de Mercurio, si digo “día” se supone que me estoy refiriendo al “día solar” que es la principal acepción de la palabra, y si quisisese decir “día sidéreo” debería escribir el término completo porque el “día solar” es la acepción más conocida y más utilizada de la palabra “día”, con mucha diferencia.
Es lo que todo el mundo entiende por “día”. El lunes, el martes, el día de tu cumpleaños, “dentro de 10 días”, todos son días solares.
Haciendo un símil, es como si dijese que he visto una bonita foto de un grupo de estrellas. Si no añado nada más, nadie pensaría que se trata de estrellas de mar, porque si me refiero a eso, diría “estrellas de mar”.

También es posible que en este asunto se haya repetido lo que ocurre muchas veces: Una fuente errónea (todos nos equivocamos alguna vez, y yo muchas) se ha difundido mucho más que el valor correcto. Si esto sucede en temas donde es fácil una comprobación directa (como el bulo de Marte), en este caso es mucho más explicable porque no el comprobar o medir experimentalmente la duración del día de Venus evidentemente está en manos de casi nadie.

Pero, como hay tantos ejemplos de esta “equivocación” en fuentes habitualmente fiables e incluso a veces se puede oír en boca de renombrados divugadores ciéntícos como el prestigioso Brian Fox en la magnífica serie televisiva “Maravillas del Sistema Solar”, me entra la duda, de si el error pudiera estar quizás en una traducción inadecuada del idioma original, normalmente el inglés. La duda de si quizás en la versión original se entienda que cuando se dice que “es más largo que el año” se está refiriendo a la rotación. ¿Es posible?

Desde luego, tal como aparece la frase traducida al español, es claramente incorrecta.

La confusión general en este tema se hace evidente si vemos la respuesta que da Google buscando “duración día Venus”. Aquí el dato es correcto (aparece la duración del día solar), pero junto a ello, el dato de Mercurio es incorrecto (aparece la duración de la rotación):


No deja de ser curioso que desde la Tierra siempre se de el dato de la duración del día para ambas cosas (en todas escuelas se ha oído que la Tierra tarda 24 horas en girar sobre su eje aunque eso no sea exacto), pero en Venus y Mercurio la mayoría de las veces se da el de la rotación.

En el caso del segundo planeta, si nos fuésemos una temporada al futurista observatorio que he imaginado por encima de las nubes, comprobaríamos claramente la mentira de Venus.

Como conclusión, y después de analizar estas circunstancias en los dos primeros planetas (lo de Mercurio está aquí) para mí (si no estás de acuerdo te agradecería que me dijeras cual es el fallo de mis razonamientos) está claro que:
Hay un planeta en el Sistema Solar donde el día dura más que el año, pero no es Venus, como dice casi todo el mundo, sino Mercurio, el planeta maravilloso, del que casi nadie se acuerda.


2 comentarios:

  1. Aupa Esteban.
    Como siempre muy aclaratorio.
    Siempre me ha intrigado como se deduce la rotación de Venus dada su espesa y agitada cubierta nubosa.
    En los 90 si no recuerdo mal la sonda Magallanes mapeo la superficie mediante radar. Pero antes...¿Como lo calcularon?

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    1. Aupa Rubén.
      No soy experto en ese tema y desconozco cuándo se calculó, pero no creo que pudiera saberse mediante una observación telescópica en visible porque la atmósfera de Venus es totalmente impenetrable para los telescopios ópticos.
      Es cierto que en determinadas longitudes de onda sí se aprecian detalles en las nubes, pero curiosamente la atmósfera gira mucho más deprisa que la superficie sólida, por lo que una medición a partir de esas observaciones habría llevado a una conclusión totalmente errónea.
      Posiblemente no se conocería hasta las observaciones con radar o la llegada de las primeras sondas a su superficie.

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