Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

jueves, 15 de noviembre de 2018

El cielo del séptimo planeta


En distintos artículos de este blog, describí el aspecto del cielo como supuestamente se vería observado desde diferentes astros, siendo el relativo a Saturno, el último capítulo hasta ahora. La serie debe seguir y, aunque los últimos planetas no tienen demasiados aspectos llamativos reseñables, alguno sí hay.

Ahora que, poco después de su oposición, Urano es visible durante casi toda la noche, eso me sirve de excusa para imaginar cómo se vería el cielo desde allí.

¿Cómo es el cielo de Urano?

Al igual que los gigantes gaseosos, Urano no tiene una superficie sólida sobre la que situarse y poder observar, por lo que debemos imaginar lo que se vería en su cielo suponiendo que nos pudiésemos situar sobre la parte superior de su atmósfera.


El Sol es apenas una estrella brillante, un pequeño disco de poco más de un minuto de diámetro (unas 25 veces más pequeño que visto desde aquí) y el cielo estaría adornado por sus finos anillos, que desde el ecuador se verían como una línea cruzando de Este a Oeste por el cenit.
Imagen tomada de Stellarium, que simula la visión del cielo en latitudes medias aún dentro de la atmósfera de Urano. Se aprecian débilmente los anillos.
Hay una circunstancia que condiciona la mecánica celeste desde Urano: la inclinación de su eje que es nada menos que de casi 98º (más exactamente 97.77º), y el planeta rota casi tumbado sobre su plano de traslación.


Esto origina el que las estaciones sean muy extremas, y además son muy largas porque largo es el año de Urano. Cada estación dura 21 años terrestres y tanto en invierno como en verano desde la mayor parte del planeta se produce el fenómeno de la noche o el día perpetuo con el sol de medianoche en verano. Solamente en una estrecha franja ecuatorial de apenas 16º el Sol sale y se pone todos los días del año.
El Sol puede aparecer en casi cualquier lugar del cielo, según la estación y la hora, excepto en dos círculos de 16º de diámetro alrededor de los polos celestes. Por ejemplo, si estamos situados en el ecuador del planeta, el astro rey podría aparecer en cualquier lugar excepto en los puntos Norte y Sur, o a menos de 8º de distancias de ellos.
Recorridos aparentes del Sol en solsticios y equinoccios, observado desde un lugar del ecuador de Urano.
El recorrido 1 en el gráfico corresponde al solsticio de verano del hemisferio Norte de Urano (La última vez fue en 1986), el 2 en los equinoccios (ocurrió en 2007) y el 3 en el solsticio de verano del hemisferio Sur (en 2029)
La dirección en que se ve moverse el Sol es la contraria que la que se aprecia desde nuestro planeta.

En los solsticios, al Sol apenas se le ve moverse. Describe un pequeño círculo de solo 16º, que lógicamente se sitúa en distinta zona del cielo, según la latitud. 

Si estamos en el polo, el Sol podrá alcanzar una altura de hasta 82º en el solsticio de verano. De hecho, describirá un círculo casi en el cenit, paralelo al horizonte (Gráfico 1). 
En esas mismas fechas, incluso para cualquier latitud mayor de 8º el Sol no se pone. (El gráfico 2 corresponde a esa latitud)
Recorridos del Sol en el solsticio, desde el polo norte y desde la latitud 8º

En ocasiones surge la cuestión de por qué se da ese dato de inclinación del eje de 98º (8º de diferencia respecto a la perpendicular), si no sería más lógico hablar de 82º, que viene a ser lo mismo, pero parece más adecuado ya que ese es el ángulo que forma el eje con el plano de la órbita.

Pero con ello se indica que el giro de rotación es el contrario. El eje, girando en el sentido habitual se ha volteado 98º, con lo que su sentido de giro ha cambiado
Si se prescinde del sentido de giro, tanto en un caso como en otro, el eje queda a 82º del inicial, pero el girar 98º o 82º produce resultados diferentes en el sentido en el que se ve moverse el Sol.

Con el eje vertical el Sol se vería moverse en un sentido concreto (como desde la Tierra). Ese sentido se mantiene si se gira menos de 90º, pero al girar 98º se da el sentido contrario.

En cuanto al cielo estrellado la situación de las constelaciones es muy diferente a lo que vemos desde la Tierra.

Su estrella polar Norte es neta de Ofiuco (Sabik) la polar Sur 15 Ori (de solo mag. 4.8),  situada entre Betelgeuse y Aldebarán. 

Al contrario de lo que ocurre en el cielo de la Tierra, ambas zonas polares son muy ricas en estrellas brillantes y constelaciones destacadas. En el caso del Sur, en lugares de latitud no muy baja (a partir de 40º), la zona es extraordinaria, con las constelaciones de: Orión, Tauro, Auriga, Géminis, que no llegan a ocultarse nunca por debajo del horizonte, pero durante largas temporadas (varios años terrestres) no serán visibles por encontrarse el Sol cerca de la zona y ser de día. Es una consecuencia más de la extrema inclinación del eje.

Desde el otro hemisferio son circumpolares Escorpio y Sagitario, junto a la zona más espectacular de la vía láctea. Pena que no hay nadie para verlo, pero lo podemos imaginar.


Satélites
Además de numerosas lunas, que apenas se distinguirían desde el borde de las nubes de Urano debido a su pequeño tamaño, hay 5 grandes satélites: Miranda, Ariel, Umbriel, Titania y Oberón
Al citarlos, puede percibirse la extraña excepción utilizada para nombrar a planetas y satélites del Sistema Solar, ya que los satélites de Urano son los únicos que no llevan nombres mitológicos de antiguas divinidades creco-romanas, sino personajes de obras literarias, concretamente de Shakespeare y Alexander Pope.

Los 4 últimos, de tamaño similar (entre 1100 y 1600 km), y Miranda mucho más pequeño, pero todos bastante más pequeños que nuestra Luna.
Los 5 principales satélites, a una misma escala.

Vistos desde la superficie de Urano, los tamaños relativos serían estos, comparados también con nuestra Luna tal como la vemos desde aquí:


Debido también a la inclinación del eje, las fases que muestran los satélites son muy especiales. Cerca de los equinoccios son las habituales: nueva, creciente, llena, menguante, pero en las proximidades de los solsticios apenas cambian y están muy próximas al cuarto, no habiendo nueva ni llena.
Secuencia de una lunación completa, cuando Urano está cerca del solsticio.
En los solsticios, cuando el eje de rotación está dirigido aproximadamente hacia el Sol, la posición del plano en que giran los satélites hace que éstos siempre estén formando un ángulo elevado respecto al astro rey, cercano a los 90º, y no se producirá la fase nueva ni llena:
En la posición 2 (equinoccio) el plano de órbita del satélite se dirige aproximadamente hacia el Sol y se dan todas las fases (a-llena, b-menguante , c-nueva y d-creciente), pero en las posiciones 1 y 2 (solsticio) no.

En Urano, pasarían unos 40 años (años terrestres) sin ver una luna llena, y esta circunstancia es una característica única del cielo del séptimo planeta.




Si después de leer este post tienes curiosidad por conocer el cielo de otros planetas, y no leíste los anteriores, aquí están algunos enlaces.


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