Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Felices fiestas


Es lo que toca. Para ser cortés y agradecido debo felicitar estas fiestas a todas-os las-os lectores de este blog.

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Bueno, también hay personas que no les gustan las motivaciones o en lo que se han convertido estos días de consumismo exagerado y prefieren eso de Feliz solsticio.



Pero ¿Por qué ahora?
  
Aunque no lo parezca, las fechas en que nos volvemos “especiales”, “sentimentales”, “bondadosos” o “derrochadores” en origen están motivadas por los astros, sus movimientos y posiciones.

La traslación de la Tierra alrededor del Sol y la inclinación de su eje que motiva las estaciones, las fases de la Luna, e incluso las posiciones observadas de las estrellas, marcan los ritmos y los momentos y al final todo esto es determinante para “fijar estas señaladas fechas”, aunque también hay que añadir que en último término han sido las arbitrariedades de los humanos quienes han concretado el calendario y han recompuesto lo que marcaban los astros.

Pero ¿Por qué parece que tenemos la obligación de celebrarlo el día 25 de diciembre y el 1 de enero? (bueno, si lo prefieres, para ti el 22 de diciembre)
Vayamos por partes: por un lado está la celebración de la Navidad y por otro lo del comienzo de año.

Navidad y solsticio
  
No deja de ser curioso que la Navidad, esta fiesta cristiana o más bien su exagerada celebración con luces y regalos, se haya extendido a muchos lugares del mundo con otras culturas, y precisamente cada vez con más fuerza cuando parece que la Iglesia va perdiendo influencia en la mayoría de los países tradicionalmente católicos.
¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre? Como ha ocurrido a lo largo de la historia las nuevas festividades se han situado en el calendario en fechas que ya eran señaladas por celebraciones de las culturas o civilizaciones anteriores.

No soy historiador, y buscando documentación he encontrado a veces detalles contradictorios, pero hay algunos datos claros:
Parece que como no se conoce la fecha real en que nació Jesús, se decidió conmemorarlo en una época señalada del año, próxima al solsticio de invierno, cuando los romanos concluían sus “fiestas saturnales”.
Fiestas saturnales romanas, solsticio de invierno y Navidad, 3 fechas que se suelen asociar.

Pero… ¿Puede que no fuera una fecha próxima, sino exacta?

Cuando Julio César estableció el nuevo calendario (el llamado calendario juliano, en el año 45 a.C.), el germen a partir del cual nos regimos actualmente, el solsticio de invierno ocurría el día 25 de diciembre. Debido al no muy riguroso cálculo de los años que deberían ser bisiestos, el solsticio se fue adelantando y en el siglo XVI se producía el 12 de diciembre. 
En 1582 el papa Gregorio XIII lo rectificó (calendario gregoriano), pero como resultado de ello el solsticio no quedó en el día 25 como originariamente estaba, sino en el 22, al eliminar 10 días de octubre de ese año. Los motivos los expliqué hace ya tiempo en un post en el que también apareció este tema”. Por ello Navidad no se celebra ahora en el solsticio, sino pocos días después.

Quizás ocurrió lo mismo con la fiesta de San Juan, el 24 de junio, fecha en que originariamente se producía el solsticio de verano, cuando realmente es la noche más corta, y no como mucha gente se lo atribuye erróneamente a la noche de las hogueras.
En cualquier caso, para comprobar que estos razonamientos sean correctos habría que buscar en qué época se fijaron en nuestro calendario estas fiestas. Yo no lo he encontrado, o más bien he encontrado varias versiones contradictorias entre sí.
¿Pudo pasar con la noche de San Juan lo mismo que con la Navidad, que originariamente ambas se celebraran justamente en el solsticio?

Comienzo de año.
  
Este tema es mucho más amplio porque, aunque también aquí se ha extendido a todo el  mundo nuestro calendario (el implantado por Julio César y corregido por Gregorio XIII), en otras épocas cada pueblo tenía el suyo y el año comenzaba en diferentes momentos. Además, independientemente de que ahora oficialmente en todos los lugares el año empieza el 1 de enero, se siguen manteniendo las antiguas costumbres de cara a celebrarlo en los momentos que marcan sus tradiciones.

Por ejemplo, en 2020 los chinos celebrarán su año nuevo el 25 de enero y nos llegarán, como de costumbre, imágenes de sus fiestas, sus viajes y movidas varias.

Pero los cristianos ortodoxos lo harán el 14 de enero, o los musulmanes el 20 de agosto, con el mes lunar de Muharram.

Empecemos por el principio, porque aquí todo estaba mediatizado por los astros.
Desde la antigüedad el año estaba marcado por el ciclo de las estaciones que condicionaba las faenas agrícolas o épocas de caza. Aunque siempre se dice que un año es la duración de una traslación, esto no exacto y la Tierra tarda en dar una vuelta alrededor del Sol 20 minutos más que la duración del año, porque también influye el movimiento de precesión de los equinoccios.

Pero un año es un periodo demasiado largo como para ir contabilizando los días uno a uno hasta completarlo, y además porque hasta el antiguo Egipto no se no se conocía su duración exacta, y por eso se tomó una unidad más breve: el mes, que era exactamente la duración de una lunación, un ciclo de fases lunares que es casi exactamente 29 días y medio. 

Era fácil de contabilizar con solo observar nuestro satélite, incluso de no perder la cuenta del día en que estaban a pesar de que no había calendarios murales o de sobremesa, ya que la fase que mostraba la Luna determinaba exactamente el día del mes.
Como no es muy práctico lo de 29.5, en casi todas las civilizaciones antiguas se tomaban originariamente meses alternados de 29 y 30 días.

Cada mes se asociaba a las faenas agrícolas o trabajos específicos adecuados a la climatología, y frecuentemente recibían el nombre de esos trabajos. Un ejemplo claro que nos ha quedado en euskera es el mes de julio que se dice “uztaila”, cuya traducción literal es el mes de la cosecha.
El mes de uztaila (julio en euskera). Uzta-Cosecha
Aproximadamente cada 12 meses la climatología, y con ello las faenas agrícolas, se repetían y comenzaba un nuevo ciclo anual. Pero en realidad a los 12 ciclos lunares les faltan 11 días para completarse los 365, por lo que poco a poco se iba desajustando, y la solución era muy sencilla: Por ejemplo si llega el mes de la cosecha y está claro que todavía no es el momento de recogerla porque aún no ha madurado, pues se añade un mes más.
Cuando ya se averiguó la duración exacta del año por medio de las posiciones de las estrellas, se establecieron reglas numéricas concretas para determinar cuándo tocaba un año de 13 meses.

Así casi todos los calendarios antiguos tenían 12 o 13 meses de 29 y 30 días de manera alternada. Iban con la fase lunar, y siempre en un día concreto del mes había la misma fase (por ejemplo el día 15 luna llena), aunque fueron surgiendo modificaciones basadas en cálculos numéricos sencillos una vez conocidos los parámetros: Por ejemplo en Egipto se llegó a implantar un año de 12 meses de 30 días cada uno, al final del cual se añadían 5 días especiales, y se prescindió de la Luna.

Pero ¿Cuándo comenzar el año? 

Algunos ejemplos
   
- Los Egipcios lo hacían cuando empezaba a verse la estrella Sirio antes de la salida del Sol , que aproximadamente coincidía con las inundaciones del Nilo (en el comienzo del verano) porque para su agricultura era fundamental. 
Aunque ya no sirve para determinar el comienzo del año, esta fue mi observación del "orto helíaco" de Sirio (el puntito del centro de la imagen) en 2016.

- Pero en la mayoría de las civilizaciones que utilizaban calendarios lunares lógicamente debería ser en el comienzo de uno de los meses y se tomaba el que coincidía con el principio de la primavera: cuando la naturaleza renace y se pueden ir comenzando determinadas tareas agrícolas. Así, por ejemplo, los judíos comenzaban el año con el mes  llamado Nisán, tomando como referencia la primera luna de primavera.

- Los chinos sin embargo tomaban como inicio la luna nueva más cercana a la fecha central del invierno (5 de febrero), quizás porque considerasen que ya el día va alargando lo suficiente como para determinar que ha comenzado el nuevo ciclo de vida. Al depender de la fase de nuestro satélite, la fecha del año nuevo en nuestro calendario cambia de un año a otro, a veces son 12 meses lunares y a veces 13, pero siempre es en invierno.
Suele extrañar la fecha en que todos los años nos llegan estas imágenes, en mitad del invierno
- Una excepción a todo esto es el calendario musulmán cuyo año consta siempre de 12 meses de 29 y 30 días a los que no se añaden meses suplementarios como en otros casos. Por ello no se ajusta a las estaciones y el comienzo del año se va adelantando y va recorriendo todas ellas. Como ya he citado, en 2020 será el 20 de agosto pero en 2021 el día 9 de ese mismo mes y dentro de 2 décadas ya en enero como nosotros.

- En la antigua Roma originariamente también empezaba el año en primavera (el primer mes era marzo, y por ello el séptimo era septiembre, el octavo octubre,…). Es curioso que el primitivo calendario romano solo tuviera 10 meses (el último era diciembre -el décimo-, y en épocas posteriores se añadieron enero y febrero). En invierno, cuando no había actividad agrícola ni militar, se consideraba una pausa o tiempo muerto y no corrían los meses (o bien se intercalaban los llamados meses mercedonius, a veces de manera arbitraria).

Pero cuando se implantó el calendario juliano se tomó como comienzo del año el origen del mes más próximo al solsticio de invierno, posiblemente también por razones análogas a los chinos ya que el día empieza a alargar. Aunque en esto hay varias versiones contradictorias, como recogí en el artículo mencionado al principio, y a veces se dice que fue en el 153 a.C. cuando se pasó a comenzar en enero por motivos militares, y hasta se cita en algunas fuentes que durante una época pudiera haber dos comienzos de año (en enero o en marzo) según se tratase del calendario ritual o militar.

- Pero esto no fue definitivo y con la caída del imperio romano en muchos lugares de Europa se volvió al comienzo de año en marzo. Como muestra se puede ver esta curiosa lápida en la catedral de Salisbury (Inglaterra) donde está enterrado un pobre niño que nació en mayo de 1683, y murió en febrero ¡del  mismo año! 

Aunque parece que no nos salen las cuentas, el desgraciado infante tuvo una corta vida de poco más de 9 meses, y mientras él vivió no se cambió de año.
- Aún hay más, porque los cristianos ortodoxos (en Grecia, Servia, zonas de Rusia,…) no aceptaron los cambios del calendario gregoriano y aunque ahora oficialmente en todos estos países empieza el año igual que aquí, mantienen sus celebraciones tradicionales en las mismas fechas pero según el calendario juliano; de tal manera que celebran la navidad el 7 de enero y el año nuevo el 14, que en el siglo próximo será incluso un día más tarde.
La Iglesia ortodoxa celebra todas las fiestas religiosas 13 días después que nosotros.
Pero si Gregorio XIII hubiera hecho la reforma “como dios manda”, (eliminando los 13 días que se habían ido añadiendo de más, y no solo 10 de ellos) nosotros celebraríamos la Navidad el día 22 (hoy día 21 sería nochebuena) y el año nuevo el 28 de diciembre, y no es inocentada. Pero esto es solo un supuesto que no se ha dado.

Lo que si parece ser cierto es que en Rusia hay algunas familias que se apuntan a todo: a lo que marca el calendario Juliano y el Gregoriano, y si aquí muchos nos quejamos de los excesos con tanta comilona, allí algunos lo hacen el 25 de diciembre, y el 1, el 7 y el 14 de enero.


Google me dice que tengo muchos lectores de este blog en Rusia, aunque parecen demasiados y posiblemente sean robots. Pero por si acaso, para ellos y ellas: Счастливых праздников (felices fiestas) por cuadruplicado.

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