Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

martes, 26 de julio de 2016

La precesión de los equinoccios

Si cumples los años estos días o en los primeros de agosto y leíste este blog el pasado diciembre
ya sabes que los astrólogos te engañan porque te dicen que eres “Leo” cuando en realidad tu constelación es “Cáncer”, y que este desajuste que se produce en el 90% de los casos, se debe a “la precesión de los equinoccios”.

Es posible que ya lo supieras antes, porque es el típico ejemplo que suele ponerse de los efectos de ese fenómeno de nombre tan raro y que pocas veces suele explicarse en qué consiste y cómo afecta a estos temas.
Pero este fenómeno de la precesión tiene otras consecuencias, y como precisamente tengo intención de citarlas en varias entradas del blog este próximo mes de agosto, voy a dedicarle este artículo ahora aunque no parezca el momento más adecuado por ser un tema técnico y poco constatable.


Ahora mismo en el hemisferio Norte es Verano. Vacaciones, calor, días largos,…. Pero cuando la Tierra estaba en el mismo punto de su órbita que ahora, aquí mismo, hace 10000 años estaba acabando el invierno.  
La situación ha cambiado debido precisamente a la precesión de los equinoccios, que tiene efectos en la variación de las fechas en que ocurren determinados fenómenos astronómicos

La precesión de los equinoccios es uno de los 4 movimientos principales de la Tierra: Rotación, traslación, precesión, nutación, … y a veces se cita alguno más de muy pequeña entidad.

Consiste en la oscilación del eje de rotación de nuestro planeta, tal como lo hace un trompo debido a que la Tierra no es totalmente esférica y a que el eje de rotación está inclinado respecto a la vertical al plano de su órbita de traslación. Las fuerzas de marea tienden a llevar el exceso de masa presente en las proximidades del ecuador hacia el plano de la eclíptica y esto origina el paulatino cambio de dirección del eje, lo mismo que la gravedad terrestre afecta al eje del trompo.


En el caso de nuestro planeta el movimiento es muy lento. Se completa cada 25776 años, o cada 25775  vueltas de la Tierra alrededor del Sol.

El extraño nombre “precesión de los equinoccios” proviene de que, a causa de esta oscilación, los lugares que ocupa la Tierra en su órbita cuando cada año se produce el equinoccio de primavera (este es el que se toma como referencia, pero en realidad ambos equinoccios) van cambiando hacia atrás, ocurren en un punto anterior en la órbita, van “precediendo”.
Sin investigar en razones lingüísticas, que no es mi campo, parece muy probable que este término “precesión” con origen astronómico diese nombre al fenómeno físico de los cuerpos giratorios que “preceden” como la Tierra o el trompo.

Este movimiento de precesión tiene varios efectos, que citaré en el anexo, pero el que ahora me interesa es el hecho de que el lugar que ocupa la Tierra en su órbita en una determinada fecha no sea fijo, sino que vaya cambiando ligeramente a lo largo de los siglos. 
La fecha no depende del lugar en que esté la Tierra en su camino alrededor del Sol sino  de los días que hayan pasado desde una referencia concreta que va moviéndose respecto a un punto concreto de la órbita. Podría tomarse el comienzo del año, o  el equinoccio de primavera que es la referencia clásica y la clave histórica de la manera de realizar el ajuste. 

Porque eso que aprendimos en la escuela de que el año es la duración de la traslación de la Tierra alrededor del Sol no es del todo correcto. La diferencia es muy pequeña (el año es 20.4 minutos más corto que la taslación) y para un niño sería muy complicado entender la definición exacta de año, por lo que hay que enseñarlo así.
 
El concepto de año es muchísimo más antiguo que el conocimiento de que la Tierra girase alrededor del Sol. Es algo observable en la naturaleza, d
esde la antigüedad estaba definido, y se había calculado su duración exacta.
Tal como expliqué en otro artículo (Midiendo el tiempo), tanto la duración del año como la del día son circunstancias observables que están relacionadas con los movimientos de la Tierra y son consecuencia de ellos pero ninguno de los dos coincide con la duración de éstos.

El año es la duración del ciclo de las estacionesLas estaciones se deben a la inclinación del eje de la Tierra. En breves periodos de tiempo (una vida) este eje apenas se mueve, y por eso casi coinciden ambos periodos. Pero con el paso de los siglos se van desajustando.
En la antigüedad casi todas las civilizaciones tomaban como inicio del año el comienzo de la primavera, cuando la naturaleza resurgía de su letargo invernal y comenzaba un nuevo ciclo vital. Astronómicamente también el equinoccio de primavera es el momento de referencia. En esa fecha el Sol sale exactamente por el Este en un horizonte plano, por el punto intermedio considerando todos los días del año, y eso es consecuencia de que el astro rey se encuentra en el plano del ecuador terrestre. Ocurre el 21 de marzo, con ligeras variaciones por el arreglo de los años bisiestos y esa fecha quedó fijada en el concilio de Nicea en el siglo IV como se vio en ésta entrada.
1- Solsticio de Invierno en el hemisferio Norte: La parte Norte del eje apunta en la dirección contraria al Sol, y éste se encuentra debajo del plano del ecuador. 2- Equinoccio de Primavera: el Sol se sitúa exactamente en el plano del ecuador.
Pero si el eje terrestre va girando, el lugar de la órbita en que ocurre el equinoccio también se va moviendo, y por ello la posición que ocupa la Tierra en la fecha del 21 de marzo irá variando (y con él todas las demás fechas), como se puede apreciar en este gráfico, que ya lo puse en el citado artículo sobre la medida del tiempo.
Diferencia entre año y duración de la traslación: 
En el año 2000 el eje de rotación de la Tierra se ha representado a trazos, inclinado hacia arriba a la derecha. En el equinoccio de primavera (21 de marzo) la Tierra está en la posición 1.
Después de 6500 años, debido a la precesión el eje habrá girado y estará dirigido hacia arriba en dirección al observador (línea continua). El 21 de marzo (equinoccio de primavera) ocurre cuando la Tierra está en la posición 2.
En esos 6500 años la Tierra ha dado menos de 6500 vueltas (6500 vueltas menos un cuarto). Por lo tanto la duración de cada año es menor que la de una traslación.

Aunque sea muy poco a poco (cada siglo casi un día y medio) la posición que ocupa nuestro planeta en cualquier fecha se va desplazando, y la fecha en que ocurren los fenómenos astronómicos que dependen de la posición de la Tierra en su órbita, irá cambiando según van pasando los siglos.



En la antigüedad era imposible calcular la duración de la traslación de la Tierra, pero era posible medir exactamente la duración del ciclo de las estaciones a partir del Sol o de la posición de las estrellas respecto a él, como se hizo en el antiguo Egipto, sobre lo que escribiré próximamente.

Hoy en día, podría tomarse como año la duración de la traslación, y no plantearía problemas a corto plazo. Las estaciones se irían desplazando respecto al calendario pero de una manera tan leve que en toda una vida no sería apreciable porque el error sería apenas de un día y las sucesivas generaciones se adaptarían de manera natural a su situación.

Con lo caprichoso que es el ser humano, hasta sería posible que algún mandatario con gran influencia mundial decidiera hacerlo. Pero la iglesia católica fijó las normas de elaboración del calendario para mantener la fecha de la muerte de Cristo según el calendario judío, ello implica utilizar el ciclo estacional, y seguramente se opondría al cambio. 

Al margen de esta cuestión que altera el calendario, hay otros efectos que se deducen más directamente del movimiento de la precisión de los equinoccios, incluso más inmediatos.
Varios son los aspectos que van modificándose poco a poco debido a la precesión de los equinoccios.

- La estrella polar, que está en la proyección del eje terrestre y por lo tanto la vemos fija en el cielo en el giro aparente debido a la rotación terrestre, va cambiando a lo largo de los siglos.
La estrella a la que actualmente apunta el eje, la que llamamos Polar (Polaris, alfa de la Osa Menor) irá perdiendo esas características y dentro de unos 13000 años (como también ocurrió hace 13000 años) la nueva estrella polar será Vega (alfa de Lira), mucho más brillante y será una referencia muy sencilla para orientarse, en el caso muy poco probable de que en esa época quede alguien a quien le interese o necesite orientarse con las estrellas.

- El ecuador celeste, circulo máximo cuyos puntos son equidistantes con el polo celeste, va cambiando de posición respecto a las constelaciones al cambiar éste. Actualmente la línea del ecuador celeste corta casi exactamente por la mitad a la llamativa constelación de Orión, que casualmente es simétrica y se reparte casi por igual entre los dos hemisferios, pero esta referencia tan significativa se perderá totalmente y esta espectacular constelación pasará, dentro de los citados 13000 años, a estar totalmente en el hemisferio Sur celeste y será visible mucho más alta y durante mucho más tiempo desde el hemisferio austral.

En compensación, la espectacular zona de Sagitario y Escorpio en la dirección del centro galáctico dejará de ser lugar privilegiado para observar desde el Sur y las condiciones serán mucho mejores desde el Hemisferio Norte.
Sagitario y Escorpio desde Araúzo de Torre, 25-7-2016 

- Las constelaciones zodiacales seguirán desplazándose respecto al punto que ocupe la Tierra en el equinoccio y, en este caso dentro de 11000 años, estarán en la parte opuesta al signo zodiacal del mismo nombre. Si en esa época todavía quedasen astrólogos que siguieran utilizando los mismos criterios absurdos que hoy, cualquier persona podría ver en el cielo el día de su cumpleaños la constelación que lleva el mismo nombre que su signo. Lo que ahora es imposible

- Las coordenada ecuatoriales de las estrellas y objetos de la bóveda celeste que son la referencia para su localización (Declinación y Ascensión Recta) van cambiando poco a poco por la misma razón, y de hecho los datos numéricos se van actualizando cada 50 años.


2 comentarios:

  1. Gracias Esteban por esta clara explicación del movimiento de precesión de los equinoccios.
    Me asalta una duda: ¿en qué medida pasados esos 11000 años las constelaciones zodiacales se verían afectadas para “cambiar” nuestros signos de forma que entraran nuevas constelaciones?
    Seguro que sería un aliciente encontrar nuevas constelaciones para los crédulos en el horóscopo ;-)
    Un saludo y gracias por todo tu trabajo veraniego.

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  2. Hola Rafa. Hay una explicación más detallada de ese tema en este otro post: http://www.tercerplaneta.net/2015/11/en-el-dominio-de-ofiuco.html
    Con el paso de los siglos las fechas se van desplazando por el efecto de la precesión y en 11000 años habría dado media vuelta desde que hace unos 2000 años se fijaron las fechas de los signos zodicales (2000+11000 son 13000 que es la mitad del ciclo de precesión). A causa de este efecto la eclíptica no atravesará nuevas constelaciones. El que ahora recorra 13 constelaciones (también Ofiuco) en vez de 12 no es consecuencia de ello, sino de que en 1930 se fijaron fronteras concretas entre las constelaciones.
    Hay otras modificaciones de la órbita terrestre que sí podrían cambiar ésto pero en muy pequeña medida: el cambio en la inclinación del eje (el valor ángulo, no la dirección)y la modificación del plano de la eclíptica. Ambas son muy leves, sus periodos son mucho mayores (41000 y 100000 años respectivamente) y como mucho podrían ocasionar que el Sol penetrase en la constelación de Cetus -la ballena- ligeramente a finales de marzo, lo que según algunos mapas de constelaciones ya ocurre(en la mayoría de los trazados la frontera toca justo la eclíptica.

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