Curiosidades sobre los astros, propuestas de observaciones sencillas, aspectos cotidianos pero poco conocidos, todo ello con un enfoque didáctico.

jueves, 20 de julio de 2017

Otros ortos y ocasos

Cuando en Astronomía se habla de ortos y ocasos normalmente se refieren a la salida y la puesta del Sol. Pero por supuesto, podemos referirnos a cualquier otro astro, en los momentos en que aparece por el horizonte o desaparece tras él.

Éstos son mucho más difícil de observar porque, como el brillo del astro será muchísimo menor que el del Sol, es fácil que deje de verse antes de llegar a ponerse, o no sea observable hasta un tiempo después de salir, debido a la bruma del horizonte y al fenómeno de extinción atmosférica porque al estar a baja altura su luz debe atravesar una mayor capa de aire antes de llegar a nuestros ojos.

Hoy me voy a referir a algunos de éstos porque la pasada noche, con menos de 6 horas de diferencia, he podido observar dos espectáculos muy especiales: la puesta de Mercurio y la salida simultánea de Venus y la Luna. Por las circunstancias en que se han producido para mí han sido únicos; la primera vez que se han dado esas condiciones.
Lo voy contar ya porque durante unos pocos días podrá verse algo parecido, por si lo lees a tiempo y quieres intentarlo, aunque el segundo fenómeno no lo verás exactamente igual que yo.

Puesta de Mercurio
Ayer 19-7-17 a las 22:25 (Hora Central Europea), pude localizar a simple vista al escurridizo primer planeta y obtener unas imágenes de la puesta de Mercurio.
Desde mi terraza en Araúzo de Torre, Mercurio se podía ver como un débil puntito junto al mástil de la antena y a la derecha suyo.
Estos días se produce la llamada máxima elongación oriental de Mercurio, únicas ocasiones en que este astro puede ser observable en el crepúsculo vespertino. De todas forma en el hemisferio Norte el poder observar este planeta al atardecer estando más cerca ya el equinoccio de otoño que el de primavera no es fácil. 
Yo no recuerdo haberlo visto nunca en estas fechas al atardecer, y desde luego pude hacerlo porque el cielo estaba muy limpio por el horizonte Oeste. Y aún más difícil es el hecho de haber seguido viendo al planeta hasta el momento de su ocaso. Aunque lo vi ocultarse tras un árbol, prácticamente estaba a altura cero porque lo observé desde la terraza en la parte más alta de mi casa.

En esta otra imagen se aprecia un poco mejor, sobre el borde de la chimenea de la dcha.


















A las 22:40 se oculta tras las ramas de un árbol


















Salida de Venus y la Luna

Menos de 6 horas después, acudí a mi lugar preferido de observación, a un kilómetro del pueblo, con un horizonte Este plano y a baja altura, y esperé la salida de la Luna y Venus.
Volví a tener la suerte de encontrarme un cielo totalmente limpio, a las 4:11 (HCE) comenzó a aparecer el cuerno superior de una fina Luna menguante, y antes de que saliese completamente apareció Venus, tal como se recoge en la imagen, con lo que puede decirse que la salida de ambos astros fue simultánea.
Desde las cercanías de Araúzo de Torre a las 4:11 (HCT) del 20-7-17 salen Venus y la Luna. Cerca de ella, la estrella Aldebarán 

Poco a poco fueron ascendiendo ambos astros y pude obtener estas otras imágenes.


































Durante unos pocos días podrá verse Mercurio (y su ocaso) al atardecer, y durante varios meses el orto de Venus al amanecer.
Este último ya no ocurrirá a la vez que la aparición de la Luna, porque ésta sale cada día más tarde y Venus en pocos días no cambia mucho, pero te invito a ver, especialmente también estos días próximos, la salida de ambas porque aunque ya no sean simultáneas la Luna cada vez más fina hará que compongan una preciosa imagen en el crepúsculo matutino.
Tienes otra oportunidad, el día 21, y quizás también el 22 si consigues ver la finísima Luna el sábado, solamente un día antes de la Luna nueva.

Como tengo prisa por publicar esto por si a alguien lo lee a tiempo y le sirve de ayuda para intentar las observaciones, dejo para mañana el anexo “Si quieres saber más”, donde recogeré varios aspectos más técnicos relacionados con el tema, pero que son intemporales y no tienen tanta prisa.

Venus de día a simple vista

Solo quiero añadir que la presencia de la Luna cerca de Venus, podría permitirte mañana mismo (viernes 21) ver al segundo planeta en pleno día a simple vista, como he conseguido hacerlo yo poco antes de mediodía de hoy:  Busca la Luna, colócate en un lugar a la sombra pero desde donde sigas viéndola, utilizando prismáticos intenta localizar no muy lejos (a unos 25º hacia el Oeste) un puntito brillante en el cielo que será Venus, toma una referencia respecto a algún poste o tejado (moviéndote si es necesario), e intenta aguzar el ojo y verlo luego sin los prismáticos. No es fácil, pero si lo logras verás que es una sensación muy especial ver lo que parece "una estrellita" en pleno día.

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Añadido el día 22

Por segunda vez modifico éste post, en esta ocasión para poner unas imágenes que he obtenido esta mañana poco después del orto de la Luna ¡solo 29 horas antes de la luna nueva! No recuerdo haber visto nunca una fase tan fina. 
Se veía perfectamente a simple vista, y en la imagen ...¿parece que se intuye incluso todo el borde del disco lunar? No. Es solo una casualidad, efecto de las ramas del árbol.
Desde Araúzo de Torre, 22-7-2017 a las 6:15 (4:15 T.U.)

En esta otra imagen, instantes después del orto, cuando pude orientar la cámara tras ver aparecer la Luna por el horizonte:
22-7-2017 a las 6:06 (4:06 T.U.)
Como el tema va de la pareja Venus-Luna, en esta otra imagen aparecen las dos. Como en ella es difícil distinguir la Luna, después pongo un recorte de la misma foto ampliada y con un poco menos de brillo, para que la puedas localizar. 
Venus sobre el árbol, y la Luna cerca del horizonte entre el árbol y el arbusto de su izquierda. 

La fina Luna en el centro de la imagen (Recorte de la foto anterior)

Al margen de ésto, quiero pedir disculpas por el despiste cuando anuncié la luna nueva para el día 24, cuando en realidad es el 23, y por ello la gran dificultad de mi propuesta para ver Venus en pleno día partiendo de la Luna el día 21 (dos días antes de nueva es muy difícil localizarla en pleno día). 
Pero te invito a intentarlo el próximo mes de agosto, concretamente el día 19 al principio de la mañana (luna de 2,5 días antes de luna nueva). 
Si quieres ir a tiro fijo, antes de amanecer (en España hacia las 7h), no tendrás problemas en ver Venus junto a la Luna si tienes el horizonte Este despejado. Toma referencias en el horizonte y entre los dos astros, espera a que salga el Sol, y con la Luna ya localizada intenta ver Venus apenas a 3º de ella. En América un poquito más separados. 

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Añadido el día 21:
Tal como anuncié, ahora con más calma detallo algunos aspectos técnicos.




- Condiciones de observación del ocaso de Mercurio
Mercurio es el planeta más cercano al Sol y por ello desde aquí siempre estará situado en nuestro cielo relativamente próximo al astro rey, nunca estará en plena noche por encima del horizonte, y solo será observable en los crepúsculos en los momentos de su máxima separación con el Sol (máximas elongaciones) que se producen 6 o 7 veces al año, en periodos de pocos días.
Por eso no es fácil verlo en un cielo todavía brillante, y aún más complicado seguirle hasta el momento de ocultarse por el horizonte donde la observación de cualquier astro incluso en plena noche es más problemática.
Tal como recogí en el artículo "El planeta sureño se asoma por el norte" en el hemisferio Sur las condiciones son mucho más favorables que en el Norte, donde únicamente en las máximas elongaciones orientales cercanas al equinoccio de primavera se dan las condiciones adecuadas.  
Por eso mi sorpresa de poder haberlo visto en esta ocasión, que aún estando cerca de la máxima elongación, para el hemisferio Norte es la peor de todas este año.

En el siguiente gráfico se representan las posiciones de Mercurio en latitudes medias Norte y Sur (corresponden aproximadamente con Madrid y Montevideo o Buenos Aires) durante este año 2017, y se puede apreciar lo dicho antes.


La zona central negra corresponde a la noche, las franjas azules a los crepúsculos y las líneas sinusoidales los momentos del orto y ocaso de Mercurio. Se han marcado con flechas los momentos cercanos a las máximas elongaciones, cuando es posible observar Mercurio. Las dos flechas blancas corresponden a estas fechas actuales y se aprecia como desde el hemisferio Sur el ocaso se produce ya de noche, mientras que en el Norte (latitudes medias) es en el crepúsculo, lejos de la noche.
Cuanto más se meta la trayectoria curva en la franja negra, las condiciones serán mejores. Se ve la enorme ventaja del hemisferio Sur y precisamente ésta es la mejor oportunidad para verlo desde allí, y la peor desde el Norte.

- Orto simultáneo de la Luna y Venus:

Teóricamente el momento del orto o salida de astros de un cierto tamaño como el Sol o la Luna, se suele considerar cuando aparece el borde superior del disco, y en este caso el orto lunar fue anterior al de Venus. Pero fuera de definiciones oficiales. La circunstancia curiosa es que Venus apareció mientras la Luna estaba saliendo: después de aparecer su parte superior y antes que la inferior, y a esto me he referido como simultaneidad.

Esta simultaneidad se produjo en una zona de la Tierra muy reducida, en una estrecha franja de pocos cientos de kilómetros de anchura. En Europa apenas en el norte de la península Ibérica, el sur de Francia y más hacia el Este en lugares cercanos a la latitud 45ºN, todo ello suponiendo un horizonte plano de altura cero. En cada caso la configuración del horizonte local puede evitarlo o producirlo.

Cuanto más hacia el Este la salida de los dos astros se produjo antes y por el movimiento propio de la Luna, esta apareció totalmente antes que Venus, y cuando se vio en América La Luna se había movido acercándose a Venus, modificando la situación.
Más al Norte o al Sur otras dos circunstancias influyeron: el  paralaje (cuanto más al Norte la Luna se ve más abajo y saldrá más tarde que Venus) y la inclinación de la eclíptica respecto al horizonte, que depende de la latitud.

En cualquier caso todas estas circunstancias pudieron compensarse y hacer que en alguna reducida zona de Centroamérica y una franja de Asia también se diese la simultaneidad. 


La franja verde indica (aproximadamente) los lugares desde los que pudo verse simultáneamente el orto de Venus y la Luna
Sé que estos datos ya no te sirven de nada, pero puede ser interesante analizar las diferentes circunstancias que influyen en el tema.

martes, 18 de julio de 2017

Dando vueltas alrededor del Sol

En el post anterior hablé sobre las fechas de cumpleaños y de alguna manera en este voy a continuar con el tema:

Cuando una persona cumple años es frecuente que él o alguien diga la frase: “hoy he completado una nueva vuelta alrededor del Sol” o “ya llevas dadas  x  vueltas en torno al Sol”
Lo mismo suele ocurrir cuando comienza el nuevo año, el 1 de enero, y es posible que en esa fecha señalada hayas recibido algún mensaje con esta imagen, porque está muy difundida.

Sin embargo, ninguna de esas frases es totalmente correcta porque el periodo de tiempo que llamamos año no es el mismo que la duración del movimiento de traslación de nuestro planeta en torno a su estrella.

Ya lo he mencionado un par de veces en este blog en unos contextos más generales en las entradas “Midiendo el tiempo” y “Precesión de los equinoccios”, pero ahora lo voy a analizar más detenidamente.

Quizás todo esto pueda sorprender, porque siempre se ha dicho que un año es el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol, e incluso en algún libro de texto de E.S.O. he leído que para definir las unidades básicas de medida del tiempo (el día y el año) se tomó la duración de los movimientos de la Tierra.
Si lo analizamos despacio, nos daremos cuenta de que eso último es imposible, porque la duración del día y del año se conocen con precisión mucho antes de que se supiera que la Tierra se movía.  Si suponemos que no se mueve, difícilmente podremos hablar de lo que duran esos movimientos.

Incluso la normativa fijada por el papa Gregorio XIII en el llamado calendario gregoriano para determinar exactamente qué años deben ser bisiestos y así evitar que el calendario se vaya desajustando respecto a la duración exacta del año, fue realizada antes de que la iglesia católica aceptase el sistema heliocéntrico propuesto por Copérnico, tal como cité en el anterior post. A pesar de ello, se calculó con precisión la duración del año.

En realidad las dos unidades básicas que utilizamos para medir el tiempo, el día y el año, son las consecuencias observables de los tres principales movimientos de la Tierra conjuntamente: Rotación, traslación y precesión.
Al igual que la duración del día está determinada no solo por la rotación, sino también por la traslación (en nuestro planeta en menor medida pero en  otros como Mercurio o Venus la traslación influye extraordinariamente), también en la duración del año además de la traslación influye el movimiento de precesión.

En al anexo “Si quieres saber más” se explican los diferentes tipos de año que se utilizan en astronomía, pero cuando se habla simplemente de “año” nos estaremos refiriendo siempre al concepto que todo el mundo tiene y que surgió desde la antigüedad a partir de la observación de la naturaleza: El tiempo que tardan en repetirse las estaciones.
Por tomar la referencia utilizada en la mayoría de los calendarios en su origen, un año es el tiempo que transcurre desde un equinoccio de primavera hasta el siguiente. En el post “Ya llega la primavera”  puedes encontrar todos los detalles.
Pero solo por señalar cómo desde la antigüedad podían determinar esos momentos, quizás te sorprenda que tú mimo podrías hacerlo observando los lugares de salida o puesta de Sol cada día, la evolución de las sombras de un objeto, o el primer día que puede verse alguna estrella brillante antes de amanecer. Con la observación cuidadosa de cualquiera de esas circunstancias se puede determinar la duración de un año, independientemente de que sepamos que es consecuencia del movimiento de traslación de la Tierra y sin relacionarlo con ello.



¿Y no es lo mismo la duración del ciclo estacional que la de una traslación?
No. Las estaciones se producen porque el eje de rotación de la Tierra está inclinado respecto a la vertical al plano de la órbita terrestre (plano de la eclíptica). Por ejemplo, en Mercurio que tiene ese eje vertical, no hay estaciones: todos los días y noches duran lo mismo, el Sol alcanza la misma altura al mediodía, saliendo y poniéndose siempre por el mismo punto del horizonte.

Si el eje terrestre se mantuviese apuntando siempre en la misma dirección, este ciclo estacional coincidiría con la duración de la traslación. Pero como oscila ligeramente debido al movimiento de precesión de los equinoccios, no es lo mismo. La duración de una traslación es de unos 20 minutos más que la de un año. En el anexo se precisará.
 
Diferencia entre año y duración de la traslación: 
En el año 2000 el eje de rotación de la Tierra se ha representado a trazos, inclinado hacia arriba a la derecha. En el equinoccio de primavera (21 de marzo) la Tierra está en la posición 1.
Después de 6500 años, debido a la precesión el eje habrá girado y estará dirigido hacia arriba en dirección al observador (línea continua). El 21 de marzo (equinoccio de primavera) ocurre cuando la Tierra está en la posición 2.
En esos 6500 años la Tierra ha dado menos de 6500 vueltas (6500 vueltas menos un cuarto). Por lo tanto la duración de cada año es menor que la de una traslación.

Entonces ¿Cuántas vueltas alrededor del Sol he cumplido?, o ¿Cuándo cumpliré realmente las vueltas? 
Cuando cumplas n años, deberás esperar nx0.34 horas para cumplir n vueltas. Por ejemplo, al cumplir los 20 años te faltarán 6,8 horas para que se cumpla tu vigésima vuelta al Sol. Pero ¡ojo!, que tienes que utilizar el momento verdadero de tu cumpleaños, tal como expliqué en el post anterior.
A la mayoría de la gente no les afecta demasiado, pero quienes ya han cumplido los  71 años  , deberán esperar un día más para cumplir vueltas.


En astronomía se definen diferentes tipos de años, porque el momento de completar una vuelta alrededor del Sol será diferente según la referencia que se tome.

Visto desde aquí es el Sol el que se mueve sobre el fondo de la esfera celeste, y casi todas las definiciones de año toman como referencia el paso de nuestra estrella por determinados puntos de esa esfera celeste porque es lo que vemos y podemos apreciar y medir desde aquí. Concretamente vemos moverse el Sol en la línea de la eclíptica, que es casi invariable (tiene una ligera oscilación con un periodo de más de 70000 años)

Año sidéreo: es el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol tomando una referencia externa, como las estrellas. El intervalo entre dos pasos sucesivos del Sol por un mismo punto de la esfera celeste (un punto concreto de la eclíptica).  Su duración media es de 365,256363 días

Año trópico: En este caso la referencia son las estaciones, porque el año trópico es la duración del ciclo estacional. Normalmente se toman dos pasos consecutivos del Sol (visto desde aquí) por el punto vernal que define el momento del equinoccio de primavera. Dura 365,242189 días. 
Este punto es el corte de la línea de la eclíptica con el ecuador celeste en sentido ascendente hacia el Norte y se va desplazando debido al movimiento de precesión, tal como se ha explicado.
El punto vernal va moviéndose, no porque cambie la posición de la eclíptica, sino que lo que se modifica es la posición del ecuador celeste ya que se mantiene perpendicular al eje de rotación que es el que va cambiando.

Este es el año a que todo el mundo se refiere si no se dice nada más. Pero respecto a su duración, el valor dado con tantos decimales es el valor medio, ya que hay pequeñas variaciones debido a las influencias gravitatorias de otros planetas, y en especial de la Luna, como se menciona luego. Por ejemplo del solsticio de primavera de 2016 al del 2017 pasaron 365,249 días, pero del 2017 al 2018 solo pasarán 365,242.

Año anomalístico: Aquí la referencia es la órbita terrestre: Es el tiempo transcurrido desde que la Tierra pasa dos veces consecutivas por un punto concreto de su órbita: el perihelio. Su duración es de 365,259636 días, y es diferente al año sidéreo porque el perihelio se va desplazando poco a poco.
En realidad no se toma el paso real del centro de la Tierra por el perihelio, sino el del centro de masas del sistema Tierra-Luna, tal como expliqué en “El tercer planeta más cerca del Sol” 

Año draconítico o dracónico: En este caso la referencia son los nodos de la órbita lunar, y se define como el tiempo que tarda el Sol (visto desde la Tierra) en volver a un mismo nodo. Normalmente se toma como referencia el nodo ascendente.

También se llama año de eclipse porque es la referencia para que estos fenómenos se produzcan (un ciclo de dos eclipses lunares o dos solares). Como los nodos lunares se desplazan con relativa rapidez, la duración de un año dracónico es bastante diferente de los otros tres, concretamente el promedio es de 346,6074 días, aunque debido al complicado e irregular movimiento de nuestro satélite, tiene un margen de variación relativamente amplio.

martes, 11 de julio de 2017

La fecha de tu cumpleaños

Todo el mundo sabe cuál es la fecha de su cumpleaños, las de sus familiares y amigos cercanos, y recibe felicitaciones y las envía en esos días señalados.


Pero, además de que siempre hay alguien que se acuerda con retraso o se confunde, es muy frecuente que incluso el protagonista no lo celebre en el día adecuado, es decir, en la fecha en que se cumplen los años exactos desde el momento del nacimiento.

El pasado 28 de junio después de cenar, le cantamos a David el “cumpleaños feliz” invitándole a apagar las velas de la tarta. Él sorprendido, dijo “¡Que es mañana!”. Pero no.

Aunque efectivamente nació el 29 de junio de 1990 hacia las 3 de la madrugada, este año 2017 ha sido el día 28 por la tarde, el momento en que han pasado exactamente 27 años desde aquel instante. Y por tanto, la fecha en que ésto ha ocurrido, el “día” en que ha cumplido años, ha sido el 28.

De acuerdo. Lo que hicimos con el cumple de David no es algo convencional. Puede pensarse que sería una excentricidad, algo friki, pero fue consecuencia de una discusión sobre un  tema que afecta de manera clara a algunas personas: los que por haber nacido un 29 de febrero solo celebran el cumpleaños en “su día” cada cuatro años.

Cuando hace unas semanas mi otro hijo, Iván, me planteó la cuestión de cuándo deberían celebrar esas personas su cumpleaños, cuándo se cumplen exactamente los años desde el momento en que nacieron, nos pusimos a pensar y a calcular, y nos dimos cuenta de que no solo a ellas les afecta el tema, sino a todas.
Porque si queremos celebrar el cumpleaños en la fecha del momento concreto en que ha pasado un año desde que nacimos, o un número determinado de ellos, la cosa no es tan sencilla ya que no siempre coincide con la fecha que figura en nuestro documento de identidad.
Pero si podemos calcularlo ¿por qué no hacerlo así?

Los años bisiestos y su influencia en este tema

Pues sí, está claro que los años bisiestos son los culpables del problema de los nacidos un 29 de febrero, pero también del cambio de fecha a veces, y siguiendo mi extraña propuesta, de todos los demás.



En otra ocasión detallaré el tema de los diferentes tipos de años que se manejan en astronomía, pero refiriéndonos a lo que todo el mundo entiende por año, su duración es de 365,242189 días, casi 6 horas más de los clásicos 365 que siempre se dice.
Pero a efectos prácticos un año “oficial” debe tener un número entero de días. No sería práctico que si un año empieza a las 0 horas del 1 de enero el siguiente lo hiciese a las 6 de la madrugada y el otro a las 12.
Hay que redondear a 365 y para recuperar ese pico, cada 4 años se añade un día más con lo que el comienzo del año se retrasa las casi 24 horas que se ha ido adelantando en total en los años precedentes.

Pero esta norma de los 3 años de 356 días, seguido de un cuarto de 366, no regula el ajuste con precisión. Al añadir un día el año bisiesto se está añadiendo un poco más de lo debido, porque, como he dicho, la duración real del año excede a los 365 en un poco menos de las 6 horas que es la cuarta parte del día. En realidad son 5 horas, 48 minutos y 45.1 segundos.
Luego detallaré también como se soluciona este asunto y cuál es la norma que se sigue para establecer los años bisiestos, que es algo más compleja de lo que se suele pensar; pero yendo al tema que nos ocupa, de cuándo deberíamos celebrar nuestro cumpleaños si somos rigurosos, hay que tener en cuenta la hora del nacimiento y la cercanía del año bisiesto.

En los años no bisiestos, a partir de un hecho (p. ej. el nacimiento de una persona) se cumplirá un año en la misma fecha pero casi 6 horas después. Así cada año unas horas más tarde, (lo que podría hacer que pasáramos al siguiente día) hasta que en este camino hayamos añadido un 29 de febrero, un día más, con lo cual hay que retroceder esa fecha y el siguiente aniversario será unas 18 horas antes que el anterior (18=24-6), lo que en la mayoría de los casos haría retroceder una fecha en el calendario.

Los siguientes gráficos pueden ayudar a entender mejor la situación porque siempre es más visual que el manejar números. En ellos se representan mediante puntos de color azul los momentos en que se cumplen los años exactos, desde un momento determinado.

a) En el primero, desde el nacimiento de David
David (que nació el 29-6-1990 hacia las 3 de la madrugada) cumplió un año el día 29 de junio de 1991 hacia las 9 de la mañana, los dos años hacia las 15h, pero como fue en un año bisiesto (1992), 365 días después oficialmente era día 28 de junio. El siguiente cumple también el 28 hacia las 21h, y su cuarto cumpleaños, en 1994, volvimos a celebrarlo en la fecha correcta, el 29. Este año 2017 fue al principio de la tarde del día 28.

b) El caso más extremo: Alguien que nunca cumplirá realmente los años en la fecha de su nacimiento:

Quien haya nacido nada más comenzar un día cualquiera de un año anterior al bisiesto (en el ejemplo en 2015) en los meses de marzo a diciembre, o en enero o febrero de un año bisiesto.

Si el "día 0" es cuando nació, ya el primer año lo cumplirá realmente una fecha antes de lo que lo celebre (día -1) y cumplirá los 25 años dos fechas antes (día -2), en el ejemplo en 2040.
Según la tendencia marcada por la flecha roja, parece que si esa persona es muy longeva podría incluso llegar a cumplir años 3 fechas antes (en el día -3), pues esta flecha llegaría al límite de cambio de fecha (línea verde a trazos) aproximadamente en 11 o 12 décadas, dependiendo de la hora exacta de nacimiento.
Sin embargo, tal como se explica luego en el anexo, esto no ocurrirá aunque viviera 150 años o más, ni al de este ejemplo ni tampoco a nadie que nazca en este siglo XXI.  

No obstante, es curioso señalar que actualmente todavía vive alguien a quien probablemente sí le ocurre esto: la persona viva más anciana, la jamaicana Violet Brown que habiendo nacido el 10 de marzo de 1900, el pasado año 2016 cumplió 116 años en realidad el día 7 de marzo, y a lo largo de su vida ya ha tenido 4 fechas diferentes de cumpleaños.
Esto es muy probable, aunque no seguro, porque ocurriría solo si hubiese nacido antes de las 21:42 h, dato que no se conoce; pero existe más de una decena de personas muy ancianas que, dependiendo de la hora de nacimiento, en 2016 habrían cumplido años tres días antes de cuando seguramente lo celebraron.

Bueno, contradiciéndome con lo que he dicho, en realidad sí hay alguien de este siglo que pueda tener 4 fechas diferentes de cumpleaños a lo largo de su vida, pero son casos especiales: algunas personas que nazcan o hayan nacido precisamente un 29 de febrero. Luego lo analizaré. 

c) El otro extremo: quien más años tardará en cambiar su verdadera fecha de cumpleaños:

Quienes nazcan poco después de las 6 de la mañana de un día cualquiera de marzo a diciembre, de un año bisiesto, (en el ejemplo del gráfico en 2016), o de enero y febrero de un año siguiente al bisiesto.
Celebrarán los 27 primeros cumpleaños en su fecha correcta, como se ve en este otro gráfico.

En este ejemplo, hasta el año 44 en que cumplirá 28, no se altera la fecha.

Aunque en todos los ejemplos dados el cambio del cumpleaños ha sido hacia atrás, también puede ser hacia adelante en algunos de los primeros años: Si ha nacido al final del día en un año no previo a un bisiesto, el primer cumpleaños debería celebrarlo casi 6 horas más tarde y por tanto en la siguiente fecha.

Por ejemplo: Si David hubiese nacido unas 18 horas más tarde, sobre las 21h, hubiese cumplido su primer año en la fecha posterior, el 30 de junio, lo mismo que el 5º y el 9º. Y cumpliría por primera vez el día anterior cuando hiciese los 34, momento en que habría utilizado 3 fechas diferentes.

Puedes confeccionar el gráfico de tus cumpleaños imprimiendo cualquiera de estos gráficos, comenzando con el año adecuado (debes elegir uno de los 4 de una línea ascendente) según los años de distancia al primer bisiesto de tu vida y moviendo los límites de las fechas (las líneas verdes) de acuerdo a la hora que naciste. O si lo prefieres, me mandas un correo a aulacielo@gmail.com con tus datos y te lo calculo.


Toda esta historia surgió para averiguar cuando debían celebrar el cumple los del 29 de febrero, y de momento solo ha servido para liar a todos los demás. Por ello voy a intentar resolver la cuestión inicial.

Ahora también todo depende de la hora de nacimiento, pero por tomar un ejemplo medio, suponiendo que alguien hubiera nacido a mediodía (o poco antes) del 29 de febrero de 2016 que ha sido el último bisiesto, su gráfico de cumpleaños sería el siguiente:

En los primeros años aparecen tanto el día 28 de febrero como el 1 de marzo, y lógicamente los años bisiestos el 29 (estos años se han marcado en rojo).
Pero según van pasando años desaparece el 1 de marzo, e incluso llega un momento en que un año bisiesto el cumpleaños no sería el 29 sino el 28 (en el ejemplo en el 2064, cuando cumpla 48).   Unos años después (en este caso en 2089 al cumplir los 73) llegaría a ser también el 27, siendo el único caso (en este siglo) en que aparecerán 4 fechas distintas, aunque el motivo es que una de ellas es la dichosa 29 de febrero. 


¿Qué años son bisiestos?

Los años bisiestos fueron implantados por Julio César en al año 45 A.C. cuando decidió poner orden en el desastroso y arbitrario calendario romano de aquella época, siguiendo las indicaciones de su astrónomo particular, el griego Sosígenes que tomó como duración del año 365,25 días y por ello estableció los bisiestos cada 4 años.  

Por cierto, en principio el día extra no se añadía al final de febrero, sino después del día 23, a quien nombraban como el “sexto” antes del comienzo de marzo , según la extraña manera que los romanos tenían para dar la fecha (sexto anterior a las calendas de marzo). Así el día añadido se le llamó “bi-sexto” porque iba después del sexto, y de ahí derivó hasta “bisiesto”.

Pero esta norma de los 3 años de 356 días, seguido de un cuarto año de 366 no regula el ajuste con precisión: Al añadir un día se está añadiendo un poco más de lo debido porque, como he dicho, la duración real del año es de 365,242189 y excede a los 365 en un poco menos de las 6 horas, de un cuarto de día.
Esa pequeña diferencia se fue acumulando a lo largo del tiempo, en el siglo XVI se habían añadido un total de 13 días de más, y el papa Gregorio XIII decidió solucionarlo, quitando 10 de estos días (no quitó los 13 por la curiosa circunstancia que expliqué en el post “¿Por qué empieza ahora el año?”), pero sobre todo estableció una nueva regla más precisa para determinar qué años debían ser bisiestos de manera que se no se volviera a acumular dicho error.

Según la reforma del calendario gregoriano, son años bisiestos los múltiplos de 4, excepto los que acaben en 00 y no sean múltiplos de 400. Es decir, que aunque los años que cierran cada siglo deberían ser bisiestos según la norma inicial de Julio César, solo lo será uno de cada cuatro de ellos.

El año 1900 no fue bisiesto
Por ello no fueron bisiestos el 1700, ni 1800, ni 1900 y tampoco lo será el 2100 (con lo que en esos casos se suceden 7 años seguidos de 365 días), pero si fue bisiesto el 2000, porque es múltiplo de 400, y de esta manera ninguno de los que vivimos actualmente hemos sido testigos nunca de la consecuencia de la reforma de Gregorio XIII, y para todos nosotros los años múltiplos de 4 han sido bisiestos.
Según los datos que figuran por ahí sobre la persona de mayor edad actualmente, la jamaicana Violet Brown que he mencionado antes, nació el 10-3-1900, solo 9 días después de la última de estas excepciones.
  
Pero ya han nacido muchas personas que si lo podrán constatar: quienes vivan el 1 de marzo de 2100, que seguirá inmediatamente al 28 de febrero.

A consecuencia de esa excepción, además, muchos de quienes nazcan a finales de este siglo deberían celebrar (según mi propuesta) todos sus cumpleaños en fechas posteriores a la oficial, a no ser que sean muy longevos. Un par de ejemplos extremos se recogen en el siguiente gráfico:
En este ejemplo, se ve que quienes nazcan a final del día en 2096 (de marzo a diciembre) deberían celebrar todos o casi todos los cumpleaños de su vida en fechas posteriores.
Esta misma circunstancia es el motivo de lo que dije antes de que nadie nacido en este siglo tendría 4 fechas diferentes de cumple, que aparentemente iba en contra de lo que indicaba la flecha roja de uno de los gráficos. El que haya 7 años seguidos no bisiestos, y esto haga que toda la gráfica vaya hacia arriba a partir de 2100, rompiendo la regularidad de los bloques de 4 puntos, es la causa de ello. 


Espero no haberte vuelto loco con tanta fecha, ni haber sembrado la terrible duda de cuándo tienes que celebrar tu próximo cumpleaños. Mi sugerencia es que si no estás seguro lo celebres varios días seguidos, antes y después de “tu día”, con lo que siempre acertarás, te durará más y sobre todo te deseo que lo pases muy bien.


¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

viernes, 30 de junio de 2017

El día del asteroide

Hoy 30 de junio es el “Día Internacional del Asteroide”

Es curioso cómo el calendario se ha ido llenando de días dedicados a diversos temas, y pueda pensarse que no tiene mucho sentido el dedicarle una fecha a los asteroides. Que yo sepa no existe el día de los cometas ni el de las estrellas, ni el de los planetas aparte del nuestro, que también aproveché para escribir algo muy sorprendente de él.

Pero aunque parezca que alguien haya querido resaltar a estos pequeños astros haciéndoles un hueco en el calendario,  en realidad es algo engañoso porque si miramos el motivo por el que se ha decidido, debería llamarse más bien “El día contra el asteroide”, al igual que cuando en alguna cuestación por la calle con una hucha en mano me han pedido dinero “para el cáncer” cuando en realidad es “para la lucha contra el cáncer”. Aquí ocurre lo mismo.

Aunque ya anteriormente se celebró en algunos ámbitos, parece que fue el pasado 6 de diciembre de 2016 cuando la ONU lo declaró oficialmente, y escogió esa fecha recordando el impacto del asteroide de Tunguska, como un nuevo Día Internacional, con el objetivo de aumentar el nivel de conciencia sobre el grave peligro que supone el impacto de rocas espaciales.

Personalmente no veo mucho sentido en concienciar a la población en general sobre este problema, porque no está en sus manos el solucionarlo, y ya sabemos que quienes tienen el poder decisorio a la hora de asignar presupuestos para investigación o grandes proyectos no miran mucho la opinión de la gente ni tampoco van a cambiar sus planes porque se enteren o no de esta iniciativa. 
Bueno, esto es una opinión personal, porque ya sabemos el poder que tienen hoy en día las redes sociales y los logros de las campañas de recogida de firmas. Pero no creo que se pueda conseguir mucho de esta manera en este caso.

Por otra parte no es un tema que se haya dejado de lado. Desde hace años se están llevando a cabo proyectos de búsqueda de asteroides peligrosos y hay organismos, como Neodys, e instalaciones dedicados a ello que han permitido avanzar enormemente en la catalogación de los asteroides cercanos, y gracias a las cuales sabemos a ciencia cierta que en toda nuestra vida ningún asteroide del tamaño del que provocó la extinción de los dinosaurios se nos acercará peligrosamente.
Y ello a pesar de los titulares alarmistas que aparecen frecuentemente en los medios y que siempre son desmentidos por el texto de la propia noticia.

Yo voy a utilizar este día en sentido contrario: como excusa para escribir a favor de los asteroides, para quitarles la mala fama que tienen y contar algunas cosas sobre ellos que me parecen apasionantes.
Lo primero, hay que decir que hasta ahora los asteroides no han sido nuestros enemigos y casi siempre han estado a nuestro favor. Una de las charlas que he dado últimamente en diferentes lugares tiene por título “¿Impactos cósmicos? Si gracias”

Porque sin ellos no estaríamos aquí.
Nuestro planeta se formó mediante innumerables choques de astros menores, y posteriormente otros de estos astros que impactaron con  la Tierra, ya solidificada, aportaron el agua de nuestros océanos, imprescindible para la vida. Aunque en principio se suponía que el hielo procendente de impactos de cometas constituía el origen de la mayor parte del agua que hay en la Tierra, las investigaciones del proyecto Rosetta en el cometa Churyumov-Gerasimenko, apuntan en el sentido de que más probablemente ese agua proviene de los asteroides.
El proyecto Rosetta ha añadido trascendencia a los asteroides en las condiciones de habitabilidad de nuestro planeta.
Se ha apuntado algunas veces que estos astros pudieron traer también los compuestos orgánicos necesarios para que surgiera la vida, e incluso algunos meteoritos procedentes de Marte han permitido conocer algunas cosas sobre el planeta rojo, sin tener que ir hasta allí. En este caso los investigadores se han beneficiado de un doble impacto cósmico: El choque de un asteroide contra el planeta rojo que lanzó algunas rocas al espacio, y el impacto de estas rocas mucho después, contra nuestro planeta.
Son solo unos ejemplos en los que el choque de asteroides ha jugado a nuestro favor. 

Pero, efectivamente, cuando se habla de asteroides siempre se recuerda con temor el impacto que provocó la desaparición de los dinosaurios, y no nos damos cuenta que deberíamos estar agradecidos a aquel asteroide que chocó con nuestro planeta hace 65 millones de años, porque de no ser por él nosotros no existiríamos. Al desaparecer los dinosaurios que dominaban la Tierra, los pequeños mamíferos, libres de la amenaza de los grandes depredadores, ocuparon los nichos ecológicos que quedaron libres y pudieron evolucionar hasta las especies actuales.
Pequeños mamíferos sobrevivieron a los dinosaurios cuando estos se extinguieron a causa del impacto de un asteroide.

Bueno, es lógico que ahora que la dominadora del planeta es la especie humana intente que la historia no se repita. Pero ¿qué habría pasado si los dinosaurios hubieran evolucionado hasta ser inteligentes y tecnológicamente avanzados, se hubieran concienciado mediante su “día del asteroide” y hubieran evitado el impacto?

Evidentemente ese tipo de elucubraciones no tiene hoy ningún sentido, y cada uno debe mirar por sus intereses, pero voy a aprovechar este día señalado para citar algunas curiosidades sobre estos astros, porque para mí el tema de los asteroides es lo más atractivo de todo el sistema solar.

El curioso mundo de los asteroides


Como he hecho en algunas otras ocasiones, hoy solamente voy a enumerar varias circunstancias que me parecen interesantes, y en otro momento desarrollaré más detalladamente alguna de ellas.

En este campo hay muchos aspectos paradógicos:

- Aunque forman el grupo más numeroso junto con los cometas (millones), los asteroides son los grandes desconocidos del Sistema Solar.

- A pesar de haber tantos, muy pocos astrónomos (porcentualemente) han visto alguno.

- Los asteroides más conocidos a nivel popular no existen: 
Tanto el que más gente ha visto (Armagedón el de la película, interpretada por el conocido actor Bruce Willis), como el que más gente ha leído cosas sobre él (el asteroide B612, donde vivía “El principito” de la obra de Saint Exupery). 
Tampoco existe Nibiru, el que los magufos han tomado de la mitología babilónica para anunciarnos el fin del mundo, ni otros similares muy conocidos por los adeptos a algunas sectas. 

- Pero uno de los asteroides que aparecen en "El principito", el asteroide del farolero, aparentemente el más imposible de todos ellos, si existe. 

Bueno, se ha encontrado un asteroide al que le ha ocurrido la extrañísima circunstancia que se narra en la obra, de haber acelerado su rotación. Y no solo eso; allí todos los objetos se caen ¡hacia arriba! Ya hablé de él hace tiempo.

- Existe una asociación con el citado nombre, B612, pero paradójicamente no fomenta la lectura del libro ni realza los valores morales que contiene, sino que es uno de los organismos que está precisamente detrás de toda esta historia de protección frente al impacto de los asteroides asesinos.

- El asteroide más cercano a nosotros (habitualmente) es muy poco conocido:   2004 GU9. En realidad hay algunos otros con características orbitales parecidas, y a ellos les he dedicado varios post de este blog: "El asteroide amigo de la Tierra" , "Las otras lunas" o "Un asteroide muy especial"

- Como allí se relataba, ese y otros de órbita similar, aparentemente están dando vueltas alrededor de la Tierra y se les conoce como “cuasi-satélites”.

- Cuando la gente oye la palabra asteroide, se empieza a preocupar por algo que no ha ocurrido en los últimos millones de años. Se manejan estimaciones totalmente erróneas y alarmistas sobre la probabilidad de morir por el impacto de un asteroide, e incluso es frecuente oír que es más fácil que eso te ocurra, que el que te toque la lotería, cuando evidentemente todos los años hay mucha gente a quienes les toca y en todo el mundo solo hay un caso documentado de muerte de una persona por la caída de uno de estos astros.

- Uno de ellos fue considerado como planeta durante los primeros años del S XIX y durante una semana de agosto de 2006, aunque ha cambiado unas cuantas veces de estatus.
Ceres, fotografiado por la sonda Dawn. El mayor asteroide del cinturón principal fue considerado primero como un cometa por su descubridor, luego fue planeta, posteriormente fue llamado asteroide o planeta menor, fue propuesto nuevamente como planeta en la asamblea de la Unión Astronómica Internacional de 2006, aunque finalmente se le otorgó la categoría de planeta enano además de la de asteroide.
- El más famoso, Plutón, casi nadie sabe que en realidad podría considerarse que pertenece a esta familia.
Aunque por motivos "políticos" en el año 2006 se inventó artificialmente el grupo de los planetas enanos para incluirlo en él, y evitar una degradación más drástica del que entonces era el noveno planeta, considerado en sentido amplio es un asteroide de la misma manera que lo es Ceres (otro de los planetas enanos), e incluso la nomenclatura oficial 134340 PLUTO es la que se utiliza para estos astros. También hablé de ésto hace casi un año.

- El primer asteroide se encontró casualmente cuando un grupo de astrónomos, entre los que no estaba su descubridor, el italiano Piazzi, habían decidido empezar a buscarlo.

- El motivo de esta búsqueda era una teoría errónea, que en cierta manera podría incluirse en el ámbito de la numerología: Las distancias al Sol de los planetas conocidos entonces cumplían una sencilla sucesión matemática, pero uno de los números estaba libre y decidieron buscar el planeta que debía estar allí cuando esa “casualidad” pareció corroborarse con el descubrimiento de Urano que también la cumplía, lo mismo que el que enseguida se encontró (Ceres). Pero el último planeta descubierto, Neptuno, no lo cumple por mucho.

Además de estas paradojas hay muchos otros aspectos sorprendentes en el conjunto de estos pequeños astros:

- En 2013 se descubrió que un asteroide poseía anillos.
Recreación artística de Chariklo, que se mueve entre las órbitas de Urano y Saturno, a quien parece que quiere imitar.

- Los numerosos asteroides que comparten la órbita con Júpiter, en algunos de cuyos nombres hay una tremenda casualidad.

- El asteroide kamikaze, que circula en una órbita similar a los anteriores, en un camino repleto de tráfico, pero en sentido contrario.

- A los asteroides, en general, no les gustan los números enteros. Algo conté aquí, aunque hay más porque a algunos de los más lejanos sí que les gustan.

- El asteroide Apophis que si nadie lo evita impactará con la Tierra un 13 de abril. Será dentro de mucho tiempo, no se sabe en qué año, aunque sí conocemos el día y el mes (aunque si tarda mucho habrá que hacer la corrección por la precesión de los equinoccios)

- Hay asteroides que tienen algunas de las características de los cometas, como Faeton, que se ha asociado con una de las principales lluvias de estrellas fugaces o 3 asteroides con órbitas extrañas, muy excéntricas, enormemente similares en forma y posición, con la del cometa Encke.

- Casi todo el mundo tiene una idea equivocada de lo que es el cinturón de asteroides, porque en todos los lugares se representa de una manera totalmente diferente de la realidad. Es otra de las cosas que aprendimos mal en la escuela, y a este asunto dediqué un post.

- Los asteroides binarios o múltiples, que aunque hoy en día se supone que pueden ser abundantes, los primeros que fueron descubiertos causaron sorpresa.
Representación artística de un asteroide binario.

Ya hablé sobre alguno de éstos al final del post que acabo de mencionar; pero por si no lo has leído, aunque solo sea por picarte la curiosidad cito algo de lo que allí escribí:

El primer asteroide satélite, que apareció en una foto sin que nadie lo esperase, los asteroides gemelos Antíope A y B muy próximos y con rotación capturada por lo que sería impresionante situarse en uno de ellos y tener siempre el otro sobre nuestra cabeza, el asteroide Silvia con sus dos satélites Rómulo y Remo y la curiosa historia de su nombre, o algún caso de asteroides con satélites tan próximos entre si, que aprovechando la baja gravedad podríamos desplazarnos a saltos de uno a otro.  



Por si he sembrado alguna duda, tengo que aclarar que no. Evidentemente yo tampoco quiero que nos caiga ningún asteroide encima. 


De hecho el título de la charla que mencioné al principio solo era una estrategia para llamar la atención, y tenía una segunda parte donde recogía los riesgos de estos impactos. 


El día del asteroide que se celebra hoy, cuando publico ésto, solo me ha servido como excusa para recordar algunos aspectos curiosos y citar otros varios que intentaré ir desmenuzando más despacio en el futuro, pero creo que estos pequeños astros no deberían ser solo símbolos de destrucción, sino apasionantes ejemplos de cuestiones sorprendentes de la mecánica celeste.